Por Moisés Valenzuela
7 septiembre, 2018

La investigadora fue reconocida y donará el galardón que también fue obtenido también por Stephen Hawking.

En 1967, Jocelyn Bell Burnell era una estudiante recién graduada en Cambridge y se encontraba estudiando los cuásares, objetos distantes que corresponden a núcleos de galaxias en debilitamiento o expansión.

Antony Hewish era el nombre de su supervisor. Juntos, habían construido un radiotelescopio que les permitía observar estos objetos y registrar datos: una línea de tinta roja dibujaba cerca de 30 metros de papel al día.  

Mientras estudiaba los datos, Bell Burnell notó algo extraño: en repetidas ocasiones la máquina registraba un “garabato indescifrable”, distinto a los demás, y con el temor de que estuviera haciendo algo mal y su trabajo no fuera suficientemente bueno, revisó una y otra vez los archivos.

Getty Images

La investigadora tomó más datos del telescopio y siguió buscando, aunque la anomalía desapareció. Un mes después, regresó.

Cuando le llevó los resultados a su supervisor, éste le dijo que era sólo una interferencia de radio artificial. Ella sabía que no podía ser eso, las ondas provenían de algún objeto que se movía al mismo tiempo que las estrellas, por lo tanto, su fuente debía también estar en el espacio. 

Con el tiempo, los objetos que predijo Bell Burnell fueron reconocidos como los pulsares, estrellas de neutrones que giran a altas velocidades y emiten radiación. Su descubrimiento es considerado uno de los más grandes del siglo XX.

“La emoción se debía a que se trataba de un tipo de objeto totalmente inesperado y totalmente nuevo, que se comportaba de una manera que los astrónomos nunca habían esperado, nunca habían soñado” , dijo la investigadora en 2010 a la BBC.

NPR

El descubrimiento de los púlsares fue tan importante que ganó un Premio Nobel de 1974, sin embargo, el premio se lo llevó Hewish, supervisor del trabajo.

Aunque ella asegura que no le molesta porque en ese tiempo ella era estudiante, sin duda que el mérito es suyo.

Pero todo tiene su recompensa. Cincuenta años después de que Bell Burnell notara ese error en la tinta roja, su observación le ha valido reconocimiento mayor: el Premio Especial de Avance en Física Fundamental, que viene con un cheque por $3 millones de dólares. El mayor premio monetario en el mundo de la ciencia.

“El descubrimiento de púlsares de Jocelyn Bell Burnell siempre será una de las grandes sorpresas en la historia de la astronomía”, dijo Edward Witten, presidente del comité. “Hasta ese momento, nadie tenía una idea real de cómo se podían observar las estrellas de neutrones, si es que existían. De repente, resultó que la naturaleza ha proporcionado una forma increíblemente precisa de observar estos objetos, algo que ha llevado a muchos avances posteriores”.

Los ganadores de este premio son investigadores de la talla de Stephen Hawking, quien también fue reconocido con el galardón, por lo que Bell Burnel ha pasado a formar parte de la élite de la investigación en astronomía.

Sin embargo, la investigadora no se quedó con su premio: lo donó al Instituto de Física del Reino Unido para financiar becas de posgrado para personas que lo necesiten. 

“No quiero o no necesito el dinero y me pareció que este era quizás el mejor uso que podía darle”, dijo.

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