Por Maximiliano Díaz
6 junio, 2018

Jeringas, tinturas de cabello, juguetes, una pequeña prisión y ropa de niño rasgada. Una pista apunta a Maddie. Ahora mismo los investigadores están sobre el lugar.

Veterans on Patrol (VOP) es una agrupación estadounidense que presta servicio comunitario. Está compuesto, como su nombre lo dice, por veteranos. En un principio, da una especie de aire a una agrupación policial, pero no. Veterans on Patrol tiene una misión profundamente distinta: ellos salen a prestar ayuda a indigentes. Principalmente, se centran en buscar a otros veteranos que estén abandonados a su suerte en la calle. 

El 29 de mayo, salieron a caminar por Tucson, en el estado de Arizona, Estados Unidos. Como muchas otras veces, pasaron bajo puentes, por veredas recónditas y barrios muy pobres. Se alejaron un poco. Entre árboles, ramas y basura encontraron un pequeño campamento. Tenía lo típico: algunas sábanas, encendedores en el piso, pequeñas carpas tendidas con muy poco cuidado. La patrulla comenzó a revisar el campamento. Parecía abandonado. Buscaron dentro de los refugios improvisados y hurgaron en la basura. Tal vez aún quedase alguien, o encontrarían una pista de una persona que necesitara ayuda. Sacaron cajas vacías de tinte para el cabello, encontraron un baño químico portátil, y mucha pornografía. El campamento resultó ser más grande de lo que todos creían. 

Veterans on Patrol

Al fondo, encontraron un túnel artesanal tapado con ramas. Según Lewis Arthur, un miembro de la patrulla, la luz del sol justo pegaba ahí cuando lo encontraron.  Fue una coincidencia determinante. De no haber habido tanta luz, el escondite hubiese funcionado a la perfección, el grupo hubiese pasado por al lado. Iluminaron el túnel y se decidieron a bajar. Si no había nadie en el campamento, era poco probable que hubiese alguien ahí. Abajo, el espacio era estrecho: demasiado como para un adulto, pero un niño cabía a la perfección en él.

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Dentro del túnel, un montón de cosas levantaron una sospecha aterradora. Pintura, juguetes, artículos infantiles diversos, esposas, balas, y ropa pequeñísima, toda rasgada. 

Veterans on Patrol

Los miembros de Veterans on Patrol sentían que no podían creer lo que estaban viendo: parecía ser que estuviesen frente a un campo de tortura, violación y tráfico infantil. De repente, todos los objetos abandonados que vieron fuera de la cueva, se veían mucho más siniestros: las jeringas del piso, las ataduras puestas en un árbol, como dispuestas para inmovilizar a alguien, las sillas de auto para niños, los zapatos repartidos fuera de la zona, las muñecas, las carreolas y las carpetas con diseños de animalitos. Todo parecía ser una extraña especie de montaña de basura infantil, y tenía que haber provenido de algún lugar.

Veterans on Patrol

La conexión con el caso McCann

Veterans on Patrol llamó a las autoridades y la voz se esparció rápido. Llegaron la policía y los medios hasta el lugar para tomar un registro completo. Según la policía, de acuerdo al estado del campamento, los sujetos que estaban ahí lo habrían abandonado hace cerca de 10 días. Mientras sacaban fotos y buscaban pruebas, encontraron un árbol tallado a mano, con pulso de niño. Tenía escrito el nombre “Maddie”.

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Las alarmas se encendieron de inmediato. A pesar de que el número de “Maddies” en los países de habla inglesa podría ser inconmesurable, se consideró de inmediato el hecho de que no se había reportado ninguna desaparición en el pueblo, hizo pensar a la brigada de veteranos que podría, perfectamente, ser una red migrante que mueve a los niños con ellos.

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La noticia, por supuesto, llegó con una velocidad impresionante a Inglaterra, pero apenas los periodistas comenzaban a subirse a los aviones para viajar al apacible Tucson a reportear sobre una nueva posibilidad de encontrar a Maddie, las autoridades salieron a desmentirlo todo: aseguraron que eso no era nada más que un lugar de descanso para personas sin techo. Parece ser que estaban pasando por alto (o muy deliberadamente) la pequeña cueva hecha artificialmente, las ataduras a los troncos, los juguetes infantiles y la ropa de niño rasgada. Muchos aseguraron que eso era solamente una medida desesperada por mantener la calma y no dar alarmas tan apresuradas.

Maddie, como la llamaba su familia, tenía 3 años cuando desapareció. Hoy tendría 15. (Foto: AP)

Jon McLane, el capellán de Bravo Base (un campo de personas que no tienen un lugar donde vivir) difiere enormemente de lo que plantean las autoridades, y se muestra algo molesto por no recibir respuestas más serias ante un hallazgo de esta magnitud. Él insistió al diario The Sun:

“He sido un defensor de las personas sin hogar durante una década y he visto cientos de campamentos. Nunca he visto uno como este. Tenían una cárcel improvisada, y debido a los artículos que estaban allí, ciertamente parecía una hecha para niños.

Por todo lo que vi, no podría imaginar que este sitio fuera otra cosa que lo que pensamos que es: un campamento de tráfico sexual infantil”.

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A pesar de estas aseveraciones, las autoridades se mantienen firmes en su decisión. Prometieron, eso sí, que enviarían a un grupo de peritos para que revisara el lugar, y pudieran sacar sus propias conclusiones al respecto. Es, según ellos, la única forma de averiguar si ahí se desempeñó alguna actividad relacionada al tráfico de personas.

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Un panorama invisible

A pesar de que el tráfico sexual infantil podría llegar a sonar como algo rebuscado y poco realista, sobre todo en países occidentales desarrollados, donde suponemos se cumplen las leyes de protección infantil, la realidad está bastante alejada de esas ideas. A pesar de ser un mundo que pocos estadounidenses conocen, para el 2015 se creían que decenas de miles de niños eran explotados cada año. El 2014, el FBI solo logró rescatar a 600.

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