Por Alejandro Basulto
11 junio, 2020

Uno de los argumentos a favor de esta medida, sería que ayudaría reducir el contagio por COVID-19, descongestionaría el tráfico de vehículos y además reactivaría el consumo.

Con la pandemia del COVID-19, muchas cosas han cambiado. No solo en materia de salud, viéndose muchos países obligados a repensar sus respectivos sistemas al respecto. Sino que también, en otras temáticas, como medio ambiente, género, educación, economía y trabajo, esta epidemia ha abierto la puerta para profundos cambios, que ya, de manera temporal al menos, se están llevando a cabo. Debido a que grandes y difíciles momentos, exigen grandes esfuerzos, que en ocasiones, pueden significar un importante cambio estructural en el funcionamiento de una nación.

Imagen referencial | Pixabay

Tal como ha sido en cuanto a materias laborales, con el caso del teletrabajo, por ejemplo, viéndose como una importante opción tras su éxito en su necesaria implementación durante las cuarentenas obligatorias. La posibilidad de trabajar desde el hogar ofrece muchas ventajas, que van desde la descongestión del tránsito a que el empleado tenga más tiempo para compartir con la familia y sus seres queridos. Y esa es una sola medida que habría llegado para quedarse, debido a que varias autoridades, organizaciones y expertos estudian y coinciden en reducir la jornada laboral a 4 días semanales.

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En el mundo cada vez son más las voces a favor de esta propuesta, y en especialmente en Europa, donde aparece la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, quien planteó hace unos días la posibilidad de implementar en su país una jornada laboral de cuatro días de trabajo y tres días de descanso, con la finalidad de aumentar el tiempo libre y al mismo tiempo reactivar el consumo y la economía tras las medidas tomadas por el COVID-19.

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Lo mismo ocurre en España, estudiándose esta medida desde empleados y empleadores, según consigna ABC.es, apareciendo la confederación Unidad General de Trabajadores, y su sector industrial liderando, con la propuesta del establecimiento de una nueva jornada laboral de 32 horas semanales que se repartirían en cuatro días. Idea que ha recibido un importante apoyo por parte de importantes sectores políticos.

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En Reino Unido, Henley Business realizó una encuesta a 2.000 empleados y 500 empresarios ingleses, concluyéndose que el 77 por ciento de los trabajadores observaron un claro vínculo entre una semana de cuatro días y una mejora de la calidad de vida. Apareciendo como algunas ventajas: la posibilidad de reducir los contagios por el virus, la descongestión en las calles y en el transporte público, y no menos importante: una mejora de las realidades de las familias, junto con también un mayor consumo y gasto por parte de los ciudadanos.

“Ahora es un buen momento para plantear cambios, ya que las empresas, trabajadores y clientes están más abiertos a estos (…) En nuestra empresa se nos planteó un problema al reincoporar de forma presencial a la plantilla tras las semanas de confinamiento por la necesidad de conciliación al no haber colegio y por las dificultades para el desplazamiento en transporte público. Mi socia y yo llegamos a la conclusión de que la semana laboral de cuatro días resolvía parte del problema (…) Además, uno de los grandes efectos de la reducción de la semana es que aumenta el consumo local, el turismo de interior, la facturación de la hostelería y los comercios de las ciudades. Esto es algo nos hace mucha falta en este momento”

– explicó la cofundadora de Ephimera e impulsora de la plataforma 4suma! (a favor de la reducción de la jornada laboral) en España, María Alvarez, a ABC.es.

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Ahora también podría tener desventajas, como es el riesgo de que se reduzcan los salarios al disminuir los tiempos de trabajo, con lo que no está de acuerdo la impulsadora de 4suma!, María Alvarez. “Se viene reduciendo la jornada de trabajo desde el siglo XIX hasta hoy y los salarios han ido subiendo o bajando en función del momento de la historia, no de la jornada laboral”, argumentó. Sin olvidar, que algunas compañías que requieren funcionar todos los días, podrían ver aumentados sus costes, lo que según los defensores de la iniciativa, no sería una situación generalizable para todos o la mayoría de los casos.

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