Por Alejandro Basulto
12 agosto, 2019

Con sus pensiones no tienen para vivir y fuera de la cárcel solo tienen como opción la soledad. La misma que les espera cuando cumplen la condena, que les motiva a volver a delinquir para retornar a su celda.

En Japón, casi el 30% de su población supera los 65 años, siendo el país más envejecido del mundo. Pero lo que más sorprende aún a las personas de ese país y a quienes son de otras nacionalidades, es el hecho de que los delitos cometidos por adultos de la tercera edad, llegan al 25% del total de las infracciones. Un aumento de un 600% en comparación al 4% que había en 1990, según datos de la Agencia Nacional de Policía.

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Esto se explica con el hecho, de que tras analizar caso por caso, el 90% de los ancianos y ancianas que cometían los delitos, lo hacían para sentirse menos solos. Siendo el fenómeno mayor en mujeres, quienes argumentaban sentirse cuidadas y escuchadas por las guardias. Esto ha conllevado a que el 20% de la población reclusa, es decir, 5.000 personas, sean ancianos.

El estudio del gobierno japonés que reveló estos casos, además demostró que un 75% de las ancianas detenidas por robos, vivían solas y también confesaban no tener familias, ni conexión con ellas. Siendo la cárcel su salvación, a tal nivel, que tras pasar el tiempo de su condena, volvían a cometer otro delito para regresar a prisión.

REUTERS

Esto lleva a cifras como que, de cada 10 robos cometidos en tiendas, cinco son cometidos por ancianos. Y a pesar de que las penas en Japón son severísimas, lo que al parecer, les motivaría más aún a delinquir. Provocando, de esta manera, que las cárceles parezcan geriátricos, motivando al gobierno a dar cursos especiales a los guardias y demás funcionarios del recinto privativo de libertad. Conllevando esta situación que renuncien el 33% de ellos.

«Estaba sola todo el día. La primera vez que robé lo hice en una librería y cuando me llevaron a la comisaría me interrogó un policía muy amable. Escuchó todo lo que tenía que decir. Sentí que estaba siendo escuchada por primera vez en mi vida (…) No me siento sola aquí. Disfruto más de la vida en la cárcel, siempre hay gente alrededor, y no me siento sola aquí. Cuando salí por segunda vez, prometí que no volvería, pero no pude evitar sentir nostalgia”

– fue lo que dijo una anciana presidaria a la agencia Bloomberg.

AP

Pero no solo es la soledad el motivo de tanto anciano japonés preso. Debido a que hay un 10% restante que se debe principalmente a la pobreza, ya que la pensión promedio es de 560 dólares mensuales, mientras que la suma de los gastos esenciales (tales como luz, agua, comida, etc), llega arriba de los 690 dólares mensuales en promedio, según cálculos realizados por Custom Product Research. Finalmente, y como dato para retratar aún más esta fuerte realidad, en Japón unos 1.5000 ancianos han cometido hasta 6 robos para volver una y otra vez a prisión.

 

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