Por Daniela Morano
4 abril, 2019

«Sentí la necesidad de amarla y mantenerla a salvo», dijo del momento en la vio en cuidados intensivos. Su mamá era drogadicta y no estaba en condiciones de cuidarla.

Dos años atrás Liz Smith, directora del área de enfermería del Hospital Franciscano de Niños en Brighton, Massachusetts, Estados Unidos,  iba camino a uno de los ascensores al mismo tiempo que una enfermera. Esta llevaba a una pequeña recién nacida de ojos azules y un poco de pelo café en su cabeza.

«¿Quién ese este ángel?», le preguntó. «Su nombre es Gisele», le dijo la enfermera. Resulta que la pequeña Gisele llevaba 5 meses en el hospital bajo tutela del estado, aunque Smith jamás la había visto.

Con 8 meses de vida, Gisele nació prematuramente en julio del 2016 pesando menos de un kilo. Sufría síndrome de abstinencia neonatal, que ocurre cuando la madre utiliza drogas durante el embarazo. En el caso de la madre de Gisele, esta había estado consumiendo heroína, cocaína y metadona.

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El estado le quitó la custodia cuando tenía 3 meses y la dejaron en el Hospital de Niños porque sus pulmones no estaban nada bien y debieron intubarla para darle de comer. Uno pensaría que alguien se preocuparía por ella, pero en esos cinco meses ni una sola persona llegó a visitarla.

Sevicios sociales querían encontrarle un hogar temporal pero Smith no podía dejar de pensar en la pequeña Gisele. «Seré su madre», se dijo a sí misma ese día.

Smith perdió a su madre cuando tenía 19 años luego de luchar varios años contra un cáncer al hígado. Sintió que una manera de rendirle homenaje era cuidando de otra persona como lo hizo con ella.

«Mi mamá era enfermera en el área de pediatría y siempre ponía al resto antes que ella. Así que crecí y me convertí en enfermera también», le dijo a MSN. «Jamás pensé que convertirme en mamá sería difícil, es un deseo que vuelve constantemente»

Desde que conoció a Gisele que algo en ella capturó su atención y «sentí la necesidad de amarla y mantenerla a salvo».

En abril del 2017, Gisele tenía 9 meses y Smith recibió obtuvo permiso para llevársela a casa pero que el estado haría todo lo posible por reunirla con sus verdaderos padres. «Estaba muy emocionada pero nerviosa, pues estaba comprometiéndome a cuidar de una niña que no sabía se estaría en mi vida para siempre».

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A pesar de que los verdaderos padres tenían permitido visitar a su hija, el estado considero que no estaban capacitados para cuidar de un niño así que Smith envió su aplicación para adoptarla.

«El día que recibí la tutela legal fue también un día triste. Mi ganancia era la pérdida de alguien más. Es difícil describir esta experiencia cuando alguien más lo está pasando mal con esto. Es devastador para esa otra familia».

El año pasado en octubre ya fue oficial que la niña le pertenecía a ella, firmó los papeles de adopción. Gisele ya tiene 2 años y lleva todo ese tiempo junto a Smith, su mamá.

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