Por Daniela Morano
4 marzo, 2019

“Eres un Dios para cada uno de nosotros porque sin ti nuestros pequeños no tendrían lo necesario”, fue parte de la dedicatoria de Shelby a la enfermera que cuidó a su hija de 2 años hasta el final.

Si existe un trabajo digno de ser reconocido, es el de una enfermera. No ganan tanto como un médico pero tienen un trabajo mucho más agotador, que requiere de verdadera paciencia y vocación para sobrevivir a los miles de pacientes que deben cuidar día a día. Por eso es que cuando esta madre, cuya hija de dos años fue diagnosticada con cáncer, vio cómo la enfermera del hospital cuidaba de la pequeña no pudo no agradecerle.

La pequeña Sophia despertó enferma el 2017, y sus padres, Jonathan y Shelby Skiles, pensaron que sólo se trataba de una alergia. Los médicos también pensaron que se trataba de algo leve, principalmente porque sólo mostraba dificultades para respirar.

Shelby Skiles

Pero unos días después Sophia dejó de respirar y corrieron a urgencias. Allí descubrieron que tenía una enorme masa del tamaño de una pelota de fútbol en su pecho y que se trataba de un cáncer maligno creciendo rápidamente. A pesar de la quimioterapia, la enfermedad era imposible de ser detenida a esas alturas.

Mientras estaba viva, el tratamiento redujo la capacidad de caminar de Sophia, de hablar y su motricidad. Shelby no se separó nunca de su lado, y tampoco lo hizo una de las enfermeras.

Shelby Skiles

Mientras trabajaba, Shelby le tomó una foto para luego compartirla en redes sociales, donde la escribió una larga carta de agradecimiento.

“Todos los días que estoy sentada en el sofá te observo, aún cuando intentas pasar desapercibida para nosotros.

Noto cómo se te cae la cara cuando ella te ve y llora, de muchas maneras intentas calmar sus miedos, veo cómo dudas en pincharla y quitarle las tiritas. Le dices ‘tranquila’ y ‘lo siento’ más veces en el día de lo que la mayoría de las personas pronuncian un ‘gracias’.

Shelby Skiles

Miro todas las pulseras de goma que traes en tus brazos y estetoscopio para cada uno de los niños que atiendes, cuidas y amas.

Acaricias la pequeña cabeza calva de Sophia y le das tanto amor como puedes. Te he visto sostener a la madre que llora cuando recibe malas noticias. Te veo tratando de escribir en el ordenador mientras arrullas al bebé de la madre que no lo pudo acompañar.

Dejas lo que está sucediendo en tu vida durante 12 horas o más para atender a tus pequeños pacientes enfermos que muchas veces están muriendo, entras a cada habitación con una gran sonrisa no tomando en cuenta lo que ocurre pero intentas transmitir un poco de alegría. Ves el nombre de Sophia en tu horario y la atiendes, pero también la visitas cuando no te corresponde.

Shelby Skiles

Llamas al médico y a la farmacia cuantas veces sea necesario para que mi hija tenga inmediatamente lo que necesita. Nos miras, te sientas y me escuchas hablar por cuanto tiempo lo necesite aún cuando tu teléfono no pare de sonar y tengas muchos pendientes.

Te veo, todos lo hacemos. No hay una cantidad de regalos o tarjetas que logren expresar lo apreciada que eres. Eres un Dios para cada uno de nosotros porque sin ti nuestros pequeños no tendrían lo necesario. Las madres como yo nos sentimos escuchadas y consoladas gracias a ti, ¡muchas gracias!”

 

Lamentablemente Sophia tuvo una recaída en diciembre y su familia decidió cortar el tratamiento. 13 días después falleció, pero pasó sus últimos días viendo películas, acompañada de sus familiares y de las enfermeras que la cuidaron día y noche.

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