Por Maximiliano Díaz
29 junio, 2018

Las empresas más relevantes del mercado tienen trabajando a menores de edad que apenas alcanzan los 14 años, y a quienes se les retribuye con 380 dólares por 10 meses de trabajo.

Fumar es el pasatiempo favorito del mundo. La gente sostiene cigarrillos en sus manos en calles, casas y patios abiertos. A pesar de que hoy todos los males del tabaquismo han quedado al descubierto (efectos dramáticos en el cerebro, el corazón, los pulmones, el hígado y los riñones), la gente no fuma menos que en los años ‘3o, época en la que se pensaba en el cigarrillo como un suplemento para los deportistas, y un excelente aditivo para los embarazos.

Pero, ¿de dónde viene el tabaco? A pesar de que muchos países tienen pequeñas producciones, muy pocas veces nos preguntamos en dónde reside la gran industria tabacalera y mucho menos quiénes trabajan en ella. 

Partamos por lo segundo: cuando pensamos en tabaco, probablemente pensamos en las largas plantaciones cubanas. Allá la mano de obra, generalmente mujeres, sacaban las hojas de las plantas del tabaco, de un brillante café; lo secaban en cuartos oscuros durante días, y luego lo cortaban en pequeñas hebras. Con todo listo, tomaban el papel y armaban un cigarrillo artesanal. Estaban listas para fumar un poco de tabaco negro. Es una imagen realmente bella (a pesar de las precarias condiciones de esos trabajos), ¿no? Desgraciadamente, ya no podemos seguir romantizándolo así, porque la industria de los cigarrillos (que no deja de crecer a lo largo del mundo) cada vez ejerce medidas más cuestionables en su extracción y su tratado.

Los niños 

Según un reportaje del medio inglés The Guardian, empresas multimillonarias de tabaco han potenciado el trabajo infantil en tres continentes para exportar su producto al mundo (con un fuerte mercado europeo).

David Levene / The Guardian

El trabajo ya no pertenece más a obreros que tengan algún mínimo poder de decisión sobre su trabajo. Ahora, los mayores bordean los 14 años. Todos están fuera de la escuela. Los muchachos están expuestos a un trabajo físico realmente intenso, pero lo hacen sin rechistar. Sus familias están atrapadas en un espiral de pobreza que se hace casi imposible de romper.

En la cúspide de la industria que da trabajo a los niños, por otro lado, no es raro ver ganancias anuales de millones y millones de dólares. La única defensa que dan esas grandes empresas, es que «hacen lo posible por evitar» el trabajo infantil, y aseguran que lo están investigando. Para ellos, eso se puede traducir en la excusa de que cada vez que encuentran a un niño en los campos, lo envían a la escuela. Ineficiencia. El primer paso, dice el sentido común, sería comenzar a cambiar las políticas de contratación de personal.

Las consecuencias en los niños, por supuesto, son devastadoras: una niña de 14 años de Malawi, en África Oriental, habla con un periodista de The Guardian. Les cuenta que quería ser enfermera. Mientras habla, descansa sus brazos cansados apoyándolos en una enorme azada. El sol pega fuerte.

En cuanto a las familias, en muchas ocasiones los padres no tienen otra opción que enviar a sus hijos a hacer esta clase de trabajos. Muchos de ellos los usan como una forma de pagar las deudas que tengan con los terratenientes y los propietarios del terreno. Esto los hace estar de una temporada a otra con sus hijos trabajando gratis. 

Las empresas detrás de la explotación

A las empresas tabacaleras, está de más decirlo, no les interesa demasiado tener una imagen limpia (la industria de los cigarrillos mata a 7 millones de personas cada año), y cada gran compañía que decidió usar a menores para plantar sus hojas, solo repite que hacen todo lo que está a su alcance para acabar con la explotación infantil. Vera Da Costa e Silva, líder de la Health Organization’s Framework Convention on Tobacco Control, una organización clave a la hora de combatir el poder de las tabacaleras, asegura que ese no es el único problema de que los niños estén en estas plantaciones, sino que hay un doble efecto:

«Hay una doble carga: la del trabajo infantil en sí, y la carga de trabajar en un producto mortífero que afecta a los propios niños».

Cesar Rodriguez / The Guardian

Según Silva, para el 2011 habían cerca de 1.3 millones de niños trabajando en los campos de tabaco, y según la Organización Internacional del Trabajo, los números han aumentado durante los años siguientes. La industria del tabaco ha tenido un crecimiento significativo en el trabajo infantil dentro de los países más pobres. A pesar de que se pensaba que el panorama estaba mejorando (pues decayó en Estados Unidos, Turquía y Brasil entre el 2000 y el 2013), un reporte del 2017 dio a conocer que se había aumentado en Argentina, India y Zimbabwe. Tristemente, los números revelaron la verdad: el trabajo infantil no acaba, solo emigra.

Como en muchas ramas del trabajo infantil en la agricultura, los niños tabacaleros se dan con más frecuencia en países de bajos ingresos. La Organización Internacional del Trabajo también asegura que esto ha generado un déficit en otros empleos dignos al interior de las tabacaleras (Si un niño lo hace por la mitad del precio, ¿para qué pagarle a un obrero?). Y, a pesar de que no haya una estimación de niños trabajando en las plantaciones a nivel mundial, las encuestas aseguran que el trabajo infantil está fuera de control en las comunidades más empobrecidas que cultivan la hoja café.

Países críticos

Según la investigación de The Guardian, hay tres países en los que el trabajo infantil de las tabacaleras ha llegado a niveles preocupantes. Comienzan mencionando a Malawi, donde sacan a los muchachos de la escuela para llevarlos a las plantaciones y cosechar las hojas para llevar algo de sustento a casa. Sin embargo, hay familias que no ven una sola moneda hasta por diez meses de trabajo, cuando la faena ya ha terminado. Suelen vivir de una pequeña cubeta de maíz que sus patrones les dan una vez a la semana. Sin embargo, corre por su propia cuenta el juntar algo de dinero para molerlo. Según algunos expertos, el trabajo infantil aquí se concentra por la cultura de pagar poco a los agricultores. En Kasunga, por ejemplo, una de las ciudades donde se concentra la producción de tabaco, el sueldo de un muchacho que trabaja en los campos por 10 meses, es de cerca de 380 dólares en total. 

David Levene / The guardian

En la región de Nayarit, en México, los periodistas ingleses encontraron a niños trabajando en 7 de las 10 plantaciones de tabaco que visitaron. A pesar de que el gobierno ha estado haciendo esfuerzos reales por sacar a los muchachos de las faenas y reintroducirlos en las escuelas, tristemente hay un segmento que aún parece inalcanzable.

Por último, los investigadores también viajaron hasta Indonesia para completar su búsqueda. Allí, se encontraron con comunidades que se ocupan de cosechar tabaco en Lombok, y no se sorprendieron al encontrar niños. Hablaron con los pequeños obreros. Entre ellos, había una chica de 14 años que les habló sobre sus problemas de salud en el pecho. Su familia los vincula directamente con el trabajo en los campos.

Según el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, en 16 países hay niños tabacaleros. Organizaciones de derechos humanos y derechos del niño han puesto ojo especialmente en los campos de Bangladesh, Kazajistán, Indonesia, Brasil, y más recientemente, Zimbabwe.

Según las empresas tabacaleras BAT y JTI, el trabajo ligero en los campos que no afecta la salud o la educación, es aceptable para muchachos que tengan de 13 a 15 años. Sin embargo, los defensores de los derechos humanos e infantiles están de acuerdo en que este no debería empezar sin haber cumplido los 18 años. 

El futuro de los niños

Por ser empresas que trabajan con el vicio, todos los gigantes del tabaco aseguran que tienen sus propias responsabilidades sociales y corporativas. Según ellos, tienen completamente monitoreado el trabajo infantil, y están encargados de construir pozos y escuelas en los pueblos más pobres. Sin embargo, según el antropólogo Marty Otanez, profesor de la Universidad de Colorado, quien ha estudiado las plantaciones de tabaco en Malawi durante años, esto es solo otra medida populista. De acuerdo a las declaraciones del antropólogo, las empresas tabacaleras sí abordan algunos problemas sociales, sin embargo, hacen oídos sordos a los temas más difíciles: como la relación del precio de la hoja y las ganancias de sus trabajadores.

Youtube / The Guardian

Los cuatro titanes del tabaco aseguran que hacen lo que pueden. Para la compañía BAT, el tema del trabajo infantil es «extremadamente serio». Según ellos, los chicos jamás deben ser explotados, expuestos al daño, o alejados de la educación. Según un vocero de la empresa, ellos no avalan ni reproducen esas prácticas:

«Nosotros no empleamos niños en ninguna de nuestras operaciones a lo largo del mundo, y queremos aclarar que no se tolerará explotación infantil en ninguno de nuestros granjeros contratados ni proveedores».

Algo parecido aseguraron desde Imperial Tobacco, quienes declararon que el trabajo infantil es inaceptable, y pondrán todos sus esfuerzos en detener su presencia en la cadena de abastecimiento de sus cigarrillos. 

Según PMI y JTI, están decididos a acabar con la presencia infantil dentro de la producción de tabaco con el que ellos trabajan. Sin embargo, también aseguran que la presencia de los menores en los campos no es solo una «decisión empresarial» sino, más bien, una combinación de causas económicas, sociales, y regulatorias. 

Youtube / The Guardian

Desgraciadamente, el futuro de los pequeños que amasan la tierra para extraer las hojas, sigue en manos de los empresarios. Y depender de su tino y su buena voluntad no parece un pronóstico demasiado esperanzador. 

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