Por Alex Miranda
22 junio, 2018

Mientras Estados Unidos recibe criticas por el trato hacia las familias indocumentadas, Italia se ubica nuevamente en la polémica al continuar con su plan anti inmigración.

El contexto político internacional está en un punto crítico, gracias a que el panorama de derechos humanos cada vez se vuelve más complicado y con más muertos en sus espaldas. Ni siquiera los países que, después de terminada la Segunda Guerra Mundial, dieron su palabra de ser garantes de los derechos fundamentales, dentro y fuera de su territorio, están en la misma página. 

Por un lado, tenemos a Estados Unidos, que sin pelos en la lengua tilda a los inmigrantes de «infectar» las calles de su país y por otro a Europa, en donde el panorama no está mucho mejor, especialmente en Italia. Allí, su Primer Ministro, Matteo Salviniestá levantando un país de ultra derecha a través de sus políticas migratorias. En los últimos días, aseguró que «lamentablemente» van a tener que dejar ir a algunos gitanos de sus fronteras. Si bien desde 1945 se vienen realizando avances en materia de derechos humanos, las grandes potencias mundiales parecen cada vez más dispuestas a botar esos avances a la basura. El mejor ejemplo para esto: la crisis de los refugiados en el mar Mediterráneo.

AP

Responsabilidad de proteger

Philippe Sands es un abogado y escritor inglés, autor del libro Calle Este-Oeste. Sobre los orígenes del ‘genocidio’ y ‘crímenes contra la humanidad’, libro en el que describe el nacimiento de la legislación internacional humanitaria. «Dos pasos adelante, un paso hacia un lado, un paso atrás… Y así será siempre también para los derechos del ser humano», dice. Además, explica que los avances ya obtenidos en esta materia no son susceptibles de dar marcha atrás.

Por otro lado, el escritor y periodista estadounidense, David Rieff se pregunta en una de sus últimas columnas «¿Es el final de los derechos humanos?». Si alguien como él, que le tocó presenciar cosas tan horribles como el genocidio en Bosnia se cuestiona eso ahora, es que las cosas están bastante mal.

«No hay ninguna duda de que el movimiento de los derechos humanos se enfrenta al mayor desafío que ha vivido desde su emergencia en los años setenta como un actor de primera fila en el orden internacional», escribió en una de sus columnas

El mismo periodista da como ejemplo el caso de la llamada «Responsabilidad de Proteger», una medida adoptada por las Naciones Unidas en 2005, que, teóricamente, obliga a los Estados a intervenir en caso de violación masiva de los derechos humanos, sea dentro o fuera de sus fronteras. Desde entonces, diversas atrocidades han transcurrido sin que los Estados hagan mucho, el mejor caso para ejemplificar es el caso de Siria, donde nadie parece demasiado preocupado como para hacer algo al respecto.

Angelo Carconi – AP

La misma «Responsabilidad de Proteger» se usó con la crisis en Libia, donde se intervino el área en contra de Muammar, el Gaddafi. La idea fue un éxito, pero dejó a Libia en medio de una anarquía total que no buscaron.

No hay que resignarse

Últimamente no sólo se está haciendo la vista gorda ante las violaciones a los derechos humanos, si no que además, importantes democracias han decidido adoptar políticas que van en contra de de los principios ya expuestos. Para no ir más lejos, el ejemplo de Italia funciona perfectamente. El país europeo se negó a acoger al buque Aquarius que se encontraba lleno de refugiados, y ahora quiere confiscar un barco a la ONG Lifeline.

Evan Vucci – AP

Sumado a eso, hay que recordar que el pasado martes Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, uno de los organismos que se han creado en los últimos años para proteger -tal como dice su nombre- los derechos humanos de las personas.

«Los derechos humanos se enfrentan a desafíos importantes, pero no tengo duda de que la idea de que cada ser humano tiene derechos mínimos en virtud del derecho internacional mantendrá su fuerza y, con el tiempo, su efectividad. Este no es el momento de inclinarse ante los venenos del nacionalismo y el populismo que están circulando una vez más por las venas del mundo», dice Philippe Sands.

Si ponemos en una balanza qué es más importante para un Estado poderoso ¿qué cosa ganaría? ¿Los derechos humanos o los intereses económicos? La pregunta se responde sola, y es que lamentablemente, tanto Amnistía Internacional como los Observadores de Derechos Humanos, llenan sus páginas de informes y reportajes sobre las constantes violaciones a los DD.HH. en países como Arabia Saudí, Egipto o China, pero nadie parece alarmarse. Si incluso hay medios de comunicación que se dedican a hablar de estos temas, pero al final la última palabra la tienen los Estados.

Koldo Casla es un investigador asociado en la Universidad de Newcastle y autor de la tesis doctoral en el King’s College de Londres sobre el tema. Llama, básicamente, a no resignarnos como sociedad.

«La mayor parte de los analistas en relaciones internacionales sostienen que defender los derechos humanos es incompatible con el realismo político. Pienso que hoy nos vemos forzados a reconsiderar esa postura en este mundo de creciente nacionalismo, donde las legitimidades se anclan en lo local y donde muchos desconfían de unas supuestas élites cosmopolitas», añadió. 

Al final, el hecho de que Donald Trump diera un paso atrás a su decisión de separar a los menores de sus familias, solo para disuadir a nuevos inmigrantes irregulares a entrar a su territorio, es una prueba de que ni la mayor potencia a nivel mundial tiene el poder de cruzar ciertas líneas de ética, al menos en una democracia. Como explica, de nuevo, Koldo Casla:

 «En la esfera internacional, desconfío de la idea de que los Estados se motiven por iniciativa propia por la promoción de la justicia global. Ahora bien, pueden sentirse impelidos a hacerlo en tanto en cuanto se lo exijamos los ciudadanos en la esfera nacional. En otras palabras, el día que nos resignemos será cuando los derechos humanos dejarán de tener un papel en la política internacional», indicó.

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