Por Augusto Catoia
14 noviembre, 2017

Su caso sigue generando impacto el día de hoy.

Antiguamente, eran muy común en Estados Unidos los ‘freak shows’ – los espectáculos circenses que exhibían personas con microencefalias (cerebros y cráneos menores de lo normal), hombres y mujeres sin brazos ni piernas, mujeres con barba y fuerza extraordinaria, entre otros ‘fenómenos’ (que era como se les denominaba en ese tiempo). Pero incluso entre tantas cosas consideradas ‘aberrantes’ para la época, al inicio del siglo XX, el caso de Pascual Piñón era aterrador…

Autor desconocido. Ayúdanos a encontrarlo.

… porque tenía dos cabezas.

Nacido en 1889, Piñón era un mexicano trabajador de las ferrovías de Texas y convivía con ojos asqueados todos los días. Todos lo veían como un monstruo debido a la gran protuberancia que tenía sobre su cabeza.

Y ni siquiera funcionaron sus intentos de taparla con un turbante, porque aun así el gigantesco bulto sobre su frente competía con el resto de su rostro. Ni eso pudo evitar que también fuera blanco de burlas constantes.

Hasta que eso le cambió la vida.

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El detalle, sin embargo, es que no era exactamente una cabeza lo que tenía. Era un gigantesco tumor y, debido al espanto que provocaba, Piñón tuvo la idea satírica de pintarlo y transformarlo en ‘María’, su alter ego y fiel compañera.

María se volvió la respuesta bien humorada del mexicano a la discriminación que sufría. E incluso decía que María tarareaba constantemente una canción, especialmente cuando estaba molesta con él y quería enfadarlo…

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Por eso apareció en su vida un hombre llamado John Schindeler, dueño del Sells Floto-Circus y su “Congreso de Personas Extrañas más completo del mundo”.

El empresario se intrigó con la apariencia de Pascual y, tras intentar convencerlo de que se sumara a su trupe, el sueldo (y también, de cierta manera, la fama) que le ayudaría a sacar adelante a su familia de 7 integrantes persuadió al hombre a sumarse a esa aventura. Y María incluso ganó implantes de plata.

Pero lo que él creía que sería una fama positiva también resultó ser demasiado pesado para su ánimo.

No quedó claro si él era un vitoreado espectáculo o un temido fenómeno, que causaba extrañeza, horror o indiferencia. Parece que el espanto que causaba era demasiado alto incluso para ser un fenómeno de circo…

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El susto que provocaba finalmente le pasó la cuenta y empeoró sus problemas depresivos. Piñón quiso retirarse del espectáculo y, auxiliado por Schindeler, se sometió a una operación para retirar la protuberancia.

Sin embargo, ese procedimiento finalmente no funcionó. En 1929, habría fallecido por complicaciones derivadas de su tumor. Por tratar de sacar adelante a sus familiares y no tener que trabajar en la ferrovía por un pago mucho más miserable, arriesgó su vida al alargar su tiempo con ese problema.

Tanta fascinación ha provocado su historia, que inspiró al escritor sueco Per Olov Enquist a escribir dos novelas basadas en su vida: Downfall y The Book About Blanche and Marie.

Me pregunto cómo habría sido la vida de Piñón en los días de hoy…

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