Por Ruben Peña Blanco
14 marzo, 2017

“He tenido un pasado muy feliz pero las cosas han cambiado…”.

Él es Mohammad Mohiedine Anis, es un coleccionista sirio de 70 años, que se niega a abandonar Alepo, la ciudad en la que fue feliz. La misma ciudad que ha sido completamente devastada por un cruenta guerra civil, que ha ocasionado una crisis enorme de desplazados y refugiados.

Joseph Eid / AFP / Getty Images

Mohiedine Anis lo ha perdido todo, su hogar, sus pertenencias. Entre ellas, sus autos de colección, que han quedado simplemente destrozados.

Durante un ataque aéreo en el barrio de Chaar, en en el norte de Alepo, se desprendieron unos bloques de piedra de un edificio y aplanaron los techos de varios de sus autos, destruyendo así poco a poco su antigua colección.

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Todo su barrio está en ruinas, los edificios están derruidos y las carreteras convertidas en pistas polvorientas o bloqueadas por los escombros. Anis intenta reflejar la cruda realidad de un conflicto que se acerca a su séptimo año.

Anis -también conocido como Abu Omar- vivió su juventud en el extranjero, estudió medicina en Zaragoza, España, en la década de 1970, antes de trasladarse a Turín, Italia, en donde se dedicó a traducir al árabe el manual de un automóvil Fiat.

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En ese entonces conducía un Pontiac 1950, que todavía posee. De hecho, llegó a acumular hasta 30 automóviles. Ahora, le quedan unos 20, bastante malogrados.

“Me encantan los autos porque son como las mujeres, hermosas y fuertes”, dijo con una sonrisa, según reseña la agencia AFP.

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En 1958, fue contratado como conductor de los presidentes de Egipto y Siria, Gamal Abdel Nasser y Shukri al-Quwatli respectivamente, a través de las calles de Damasco, mientras celebraban la proclamación de la República efímera de los Estados Árabes.

Algunos extranjeros se han ofrecido a comprarle algunos de sus autos, que aún pueden repararse. Pero Anis se niega rotundamente. “Son para mis hijos, se los dejaré como herencia”, dijo.

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Ahora se sienta solo en su inmueble, y se regocija frente a su tocadiscos, lo único que no ha perdido (aún). 

“He tenido un pasado muy feliz pero las cosas han cambiado. Ahora la vida es dura, pero no hay que perder la esperanza”, apuntó.

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Una gran actitud, ¿cierto?

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