Por Vicente Quijada
29 diciembre, 2017

Si antes no creías en la reencarnación, ahora seguro lo harás.

Como a muchos de ustedes, siempre me ha intrigado qué pasa después de la muerte. Y, a pesar de mi crianza católica, me cuesta creer que nuestra energía no se quedé en donde emergió: la Tierra. Y por ello, la reencarnación, ya sea en seres humanos o animales, me suena como lo más lógico, dentro de lo posible.

Antes de que una horda de cristianos fanáticos me abucheé, déjenme contarles una historia que hizo que creyera aún más en «este camino».

El 11 de diciembre de 1926 nació en Delhi la pequeña Shanti Devi. La niña, desde sus primeros años, le contaba a sus padres historias extrañas de una supuesta vida pasada -dicen que muchos niños mantienen la memoria de sus reencarnaciones previas hasta cierta edad-, pero no le dieron mucho crédito. A los 4 años la pequeña afirmó que su verdadero hogar estaba en la ciudad de Mathura, donde vivía con su marido, Kedar Nath, e hijo, y que su nombre era Ludgi Devi. 

Además, les explica cómo murió 10 días después de dar a luz. Es ahí cuando deja de ser una fantasía infantil.

Shanti Devi

El anhelo por volver a su hogar era tan genuino, que Shanti huyó a los 6 años hacia Mathura, pero fue encontrada y traída de vuelta a su hogar. La historia llegó a los oídos de uno de sus profesores, quien le mandó una carta a Kedar, a la dirección que Shanti le entregó.

Y para sorpresa de todos, Kedar Nath contestó.

Ante la curiosidad de conocer de cerca la historia de una pequeña niña que reclamaba ser su difunta esposa, el hombre decidió viajar a Delhi, presumiendo ser su propio hermano menor, junto a su hijo. El hijo de Ludgi. 

Shanti Devi

A pesar de presentarse con una identidad distinta, Shanti lo reconoció de inmediato, tanto a Kedar como a su hijo. La pareja de ex esposos, niña de seis años mediante, se encerró en una habitación y él le hizo algunas preguntas. Era ella, era Ludgi.

El curioso hecho se esparció como el fuego en una calurosa tarde de verano, y llego a oídos del mismísimo Mahatma Ghandi. Sorprendido, la visitó. Y tras la entrevista, aún estupefacto, solicitó una comisión que investigara a fondo el caso.

Junto con dicha comisión, Shanti viajó a Mathura en 1935 a su hogar. Mostró conocer el dialecto, a pesar de nunca haber estado o conocido a alguien de allí. Reconoció al abuelo de Shanti, como también reprendió a Kedar por no cumplir algunas promesas que le hiciera a su vida pasada en el lecho de muerte. Tras eso, Shanti volvió a su hogar, el de la niña de 9 años.

Shanti Devi

Terminado el estudio, la comisión manifestó que Shanti, efectivamente, era la reencarnación de Ludgi. El caso fue investigado en varias ocasiones, por diversos profesionales. En una ocasión Shanti, afirmó que se sentía «como un adulto creciendo en el cuerpo de una niña, con un nombre, padres y hogar distintos» al de ella, y que los recuerdos de su vida adulta se volvían más vívidos con el paso del tiempo. Mientras que en otra, relató cómo se veía el camino a la muerte.

Nunca se casó y murió el 27 de diciembre de 1987, en el cuerpo de una mujer al cual nunca sintió pertenecer.

 

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