Por Teresa Donoso
11 Abril, 2017

El desenlace fue apenas 19 días después del diagnóstico.

Danielle Janofsky, de Nueva Jersey, tenía seis meses de embarazo cuando comenzó a sentir un fuerte dolor de estómago. Preocupada por el estado de su bebé se acercó a su doctor, quien después de realizarle unas pruebas le dio el peor diagnóstico posible. Tal como indica el portal Today, la mujer descubrió que sufría de melanoma, el cáncer más agresivo de piel que existe y que, en ese punto, se había propagado hasta sus riñones, hígado, estómago y cerebro.

Max Janofsky / Today

Danielle fue admitida de urgencia al hospital donde dos semanas después dio a luz a su hijo a través de una cesárea. El bebé, a quien llamaron Jack, nació con sólo 26 semanas de gestación y pesó menos de un kilo. Su condición de salud era crítica, pero este había sido el tiempo máximo de espera que los doctores le habían dado a Danielle antes de que el cáncer se extendiera al feto.

El bebé nació el 24 de febrero y, tres días después, Danielle murió. Tal como su familia indicó en la página de GoFundMe donde intentan conseguir dinero para pagar los gastos médicos de Jake, la mujer se sacrificó para que su hijo pudiese vivir:

“Tomó la decisión desinteresada y llena de amor de dar a luz a su bebé, Jake, el 24 de febrero, sacrificándose para que su hijo pudiese vivir. Jake pesó 760 gramos y actualmente se encuentra en la Unidad de Cuidados Intensivos para neonatos”.

El único tratamiento posible que podía salvar a Danielle del melanoma era la inmunoterapia. Sin embargo, someterse a ello hubiese implicado dejar ir a su bebé, pues no se recomienda que las mujeres embarazadas se sometan a este procedimiento.

Su madre publicó un bello y sentido mensaje en Facebook, asegurando que si el amor fuese suficiente para salvar a alguien, entonces su hija “hubiese vivido cientos de años”:

Once upon a time a little girl with strawberry blond hair was born. She was a happy girl wearing her favorite Minnie…

Posted by Barbara J Jackson on Tuesday, February 28, 2017

“Érase una vez una pequeña niña que nació con el cabello rubio. Era una niña feliz que usaba su vestido favorito de Minnie Mouse y que llevaba su manta blanca firmemente en su mano. Creció con mucho amor y se reía de sus pecas. Jugaba fútbol y se iba de campamento. Hizo amigos maravillosos y un día se casó con su mejor amigo. Tuvieron una pequeña niña a quien llamaron Avery y que era igual a su mamá. Eran felices y estaban enamorados. Se compraron una granja, construyeron un nuevo hogar y comenzaron a expandir la familia, esta vez con un niño. Ella estaba más feliz que nunca. Rodeada de amor su barriga creció, pero un día una bestia oscura cayó sobre ella. En sólo días la bestia había acabado con su cuerpo, dejándola rota y muy grave. Con su mejor amigo a su lado, se sacrificó para salvar a su hijo, un pequeño niño llamado Jack. Tres días después ella ya no estaba.

Mi querida Danielle era una persona increíble. Inteligente, ingeniosa, amorosa. Murió ayer mientras su esposo la tenía en sus brazos. Extrañaré cada una de las veces en las que me decía ‘Hola mami’ con una voz que me recordaba a cuando era pequeña. Si el amor pudiese haberla salvado, ella hubiese vivido hasta tener más de 100 años.

Te extrañaré por siempre, mi Dani”.

Su esposo, Max Janofsky, quedó al cuidado de su pequeña hija de cuatro años y del pequeño Jack. Según le comentó a Today, el pequeño está recibiendo un tratamiento especial para que sus pulmones funcionen de mejor forma y pueda ser desconectado del ventilador artificial pronto.

Toda la fuerza para Max; hay que tener valentía para vivir algo como esto y seguir caminando por la vida.