Por Camila Cáceres
10 enero, 2017

La burocracia mata.

A Mustafa Abdel Latif Ali Abdulrahman definitivamente no le pueden decir que lo confundieron con alguien del mismo nombre. Lo que sí le dijeron, cuando fue en persona a tratar de resolver cualquier problema que estuviese impidiendo que le entregaran sus documentos, era que no podían ayudarle con nada, porque había muerto el 25 de noviembre del 2015.

Mustafa, un poco perturbado, exigió que le dieran alguna prueba más concreta que su presencia allí y su certificado de nacimiento.

Los burócratas, aunque ya un poco confundidos, le mostraron su certificado de defunción.

El certificado no sólo le dice que falleció en Ismailia, un lugar que jamás ha visitado, sino que este padre de familia era, aparentemente, viudo. O sea que no bastándoles con matarlo a él, asesinaron también a su esposa.

Para la dicha de los estudiantes de filosofía en todo el mundo, ahora las autoridades le exigen pruebas de su propia existencia.

Abdulrahman se ha contactado con organizaciones de derechos humanos para obtener la guía y ayuda necesaria para resucitarse.

“Me reuniré con todos los responsables para probar que estoy vivo”, dijo a Al Arabiya.

¿Qué harías si te dijeran que llevas muerto varios años?

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