Por Ignacio Mardones
14 Abril, 2016

“Las personas se comían a los demás, especialmente a niños, en el campamento 18”.

Vivir en Corea del Norte a menudo es más una especie de “supervivencia” que cualquier otra cosa. El país es sumamente cerrado, los visitantes extranjeros son pocos, necesitan permisos especiales e incluso ellos corren peligro. El líder es venerado como si fuera un Dios. Nada de lo que dice puede ser cuestionado, su voluntad es irrevocable y los ciudadanos no tienen oportunidad de plantear sus alegatos. Algunos de sus habitantes están viviendo en el mismísimo infierno. Después de ver el video de una mujer que huyó de los campos de concentración, no te quedará ninguna duda:

Kim Hye-sook nació fue enviada a un campo de concentración a los 13 años, esto como castigo porque su abuelo intentó escapar del país.

“Estas líneas negras son cercas de alambres de púas. Las cercas tenías 4 metros de alto, y por acá abajo tenían 3300 volts de electricidad… Cuando está prendida, si alguien se acercaba, los tiraría y los quemaba hasta morir”. 

-Kim Hye-sook-

Ella y su familia sufrieron los tratamientos más inhumanos que pueden existir. Pasó 28 años como prisionera, hasta que finalmente logró escapar a Corea del Sur. Los mapas que dibujó han ayudado a transmitir lo que significa vivir bajo el régimen.

“Estaba sola y se acercó una mujer que había visto antes. Entró un guardia y empezó a insultar a la mujer, llamándola una “perra que se comió a su propio hijo”. 

-Kim Hye-sook-

Los dibujos retratan las horribles experiencias que le tocó vivir. Nadie puede imaginarse tanto sufrimiento…

“Bueno, nací allí y crecí mientras me lavaban el cerebro. Vivía creyendo que Kim Il-Sun era un Dios”. 

-Kim Hye-sook-

¿Qué te pareció? ¿Cómo se podría ayudar a personas como ella?

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