Por Alex Miranda
18 junio, 2018

Durante la noche, los animales estarían migrando hacia sectores periféricos para protegerse de los seres humanos.

Los animales diurnos al parecer están bastante aburridos de los humanos, ya que sin importar la especie o su ecosistema, la mayoría está pasando lentamente a ser una criatura de funcionamiento nocturno. La razón es muy simple: nosotros. Gracias a la expansión de la presencia de humanos, los animales han encontrado la forma de evitarnos, sin depender de un cambio de hábitat. 

El impacto que la humanidad y las ciudades genera en los animales es alto, pero nunca se había percibido de la manera que lo hace un nuevo estudio estadounidense lo hace. En él, citan la contracción del espacio disponible para que vivan los animales como una de las mayores molestias animales, ya que a medida que nos expandimos como sociedad, son los animales los que pierden el espacio.

Al haber cada vez menos lugares libres del humano – y los que quedan son cada vez más pequeños y restringidos-, los animales evitan transitar en las zonas con presencia de humanos, o emigren a los lugares a donde éstos aún no llegan. Pero, increíblemente, los animales ahora desarrollaron otra táctica para mantenerse alejados de nosotros: salir mientras dormimos. 

O así lo dice un grupo de investigadores estadounidenses que ha comprobado que esta práctica animal es una fenómeno global. Para llegar a esta conclusión tuvieron que recopilar los resultados de muchos estudios que analizan los movimientos de unas 60 especies de mamíferos -de todos los continentes-, así pudieron comprobar que dónde exista perturbación de tipo humana, los mamíferos se vuelven 1,36 veces más nocturnos. Lo que vendría a significar que si un animal sin ser perturbado por humano puede distribuir sus acciones equitativamente entre el día y la noche, con los molestos humanos estos animales aumentan su actividad nocturna en un 68%.

Las conclusiones de la investigación

La investigadora de la Universidad de California en Berkley, y además principal autora del estudio, Kaitlyn Gaynor, dice que: «Hay evidencias que sugieren que animales de todas partes están ajustando sus patrones de actividad diaria para evitar a los humanos en el tiempo, ya que cada vez les resulta más difícil evitarnos en el espacio», lo que significa que: «Como las personas son más activas por el día, los animales se están pasando a la noche».

«Esto indica que los animales parecen estarse cuidando de las personas», aseguró Gaynor. 

RTVE

Ese traslado, no diferencia entre herbívoros o carnívoros, si hasta se ha visto este cambio en animales como el tigre. El patrón es el mismo, desde la zarigüeya hasta el elefante africano; al parecer somos una especie odiada por todo el mundo animal, sin distinción. De hecho, el equipo de investigación esperaba encontrar una correlación entre este cambio de horarios con los que se encontraban en mayor peligro por los humanos, pero no es el caso. «Esperábamos encontrar una tendencia de aumento de la actividad nocturna en las cercanías de los humanos, pero nos ha sorprendido la consistencia de los resultados. Los animales responden a todos los tipos de perturbación humana, sin importar si realmente supone una amenaza directa», añade Gaynor.

Para llegar a estas conclusiones se tuvo que analizar los estudios que rastreaban la ubicación de los animales, gracias a balizas, collares con radio, fototrampas, GPS, observación presencial, entre otras. Además, los expusieron a diversas perturbaciones humanas, desde excursionistas, cazadores y hasta carreteras. En todos los casos el animal se trata de alejar del humano.

Las consecuencias a largo plazo

Laurent Geslin

Lo que aún es una incógnita son las consecuencias que pueda tener este traslado de los animales a la vida nocturna. En papel, el cambio podría hacer que humanos y animales coexistan en paz. Pero al realidad es otra, ya que el cambio es tan generalizado y rápido que mover esos patrones de actividad que se han desarrollado por años puede traer cambios radicales al ecosistema. «En el caso de los depredadores no adaptados a cazar por la noche, se podría producir un aumento de la población de los ungulados que eran sus presas, lo que afectaría a la disponibilidad de cubierta vegetal, produciéndose un efecto en cascada», dice la investigadora Ana Benítez, de la Universidad Radboud.

Según los investigadores, una de las cosas más relevantes de la información es que confirma una hipótesis planteada en los años 60′ por Fritz R. Walther, un biólogo que tiene la siguiente opinión: «Los animales responden igual ante los humanos, siempre nos ven como depredadores», comenta.

Eso lleva a plantearse si el impacto de un cazador puede ser el mismo que el de un excursionista amante de la naturaleza. Para Gaynor, su investigación «sugiere que basta nuestra mera presencia para interferir en los patrones naturales de conducta».

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