Por Alex Miranda
25 julio, 2018

«Las chicas jóvenes se fueron del convento por lo mismo, porque habían curas que las manoseaban», dijo Yolanda Tondreaux, una de las abusadas.

Si la iglesia chilena ya estaba siendo cuestionada por los casos de abusos sexuales que hasta el Papa llegó a intervenir, ahora se suman los relatos de un grupo de ex monjas que contaron una serie de abusos sexuales y laborales de distinta índole a los que fueron expuestas por años y que ellas resistieron por miedo a represalias o a su inmensa fe.

Y como si esto fuera poco, los relatos también hablan de como al momento de hacer las denuncias respectivas a sus superiores, estos reaccionaron castigándolas y expulsando a las denunciantes de las congregaciones a las que pertenecían, sin compensación de por medio.

Estas historias de abuso se dieron a conocer la noche del lunes en un reportaje del canal chileno TVN, en su programa Informe Especial, que se centró principalmente en las religiosas que estuvieron un tiempo en la congregación Hermanas del Buen Samaritano, situada en la ciudad de Talca, en la región del Maule.

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«Me manoseó. Me dio asco»

Yolanda Tondreaux es una ex religiosa que, según asegura, fue víctima de este tipo de abusos desde el comienzo de su historia en la congregación. Ella dice:

«Un sacerdote se me acercó, me tocó el pecho y me dio besos en la cara llegando hasta los labios. Me manoseó. Me dio asco».

Al momento de contar la traumática situación, decidió hacerlo con la madre superiora Patricia Ibarra, quien en vez de ayudar a Yolanda, decidió tratarla de «mentirosa» y le ordenó ir a confesarse con el mismo cura que ella estaba denunciando por acoso. «Las chicas jóvenes se fueron del convento por lo mismo, porque habían curas que las manoseaban», dice Tondreaux.

Como si esto no fuera poco, Yolanda también tenía otras denuncias para hacer. La más grande es que asegura haber visto como le entregaban cheques de hasta 20 millones de pesos a algunos de los religiosos cuestionados por enfrentar denuncias por abusos, de ellos el más importante que vio es el infame -y ya declarado culpable- ex párroco Fernando Karadima.

También pone énfasis en como trataron a las denunciantes de estas situaciones. En total son más de 23 hermanas -entre las que se cuenta ella- las que hablaron y declararon lo vivido. Todas ellas fueron desvinculadas sin ningún tipo de beneficio por su tiempo de servicio.

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«La madre superiora lo sabía»

Pero no solo Yolanda dio la cara para hablar, sino que otra ex religiosa, Eliana Macías, relató como además de estar al tanto del problema de los manoseos, vio en reiteradas ocaciones como sacerdotes entraban a las habitaciones de las monjas para realizar actos impropios o para, derechamente, verlas sin ropa. 

«Decía que nunca había visto una mujer desnuda, por eso lo hacía. El cura también se iba al patio y se desnudaba. La madre superiora lo sabía. A mí me daba asco, repugnancia».

El reportaje de Informe Especial también contaba con el testimonio de Consuelo Gómez, quien en mayo habló con la prensa chilena para contar los abusos que sufrió por parte de una monja. Ante esto, la congregación solo mandó un escueto comunicado con sus disculpas, pero nada más allá de eso.

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Algo parecido a lo que vivieron las ex religiosas de esta congregación, que dicen que antes de ser expulsadas, recibieron tratos humillantes y fueron obligadas a trabajar como sirvientas de los sacerdotes, o encargándose de las tareas domésticas dentro de la orden religiosa.

Como dato final, el grupo de monjas acudió hasta el nuncio Charles Scicluna, que fue enviado a Chile por el mismo Papa Francisco en enero pasado para recabar antecedentes de los casos de abuso que se estaban destapando en el país. A él le contaron todos los casos, pero aún así las religiosas señalaron que hasta la fecha aún no reciben una respuesta oficial de ningún ente de la Iglesia Católica.

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