Por Daniela Morano
2 julio, 2019

Los padres de otras niñas llamaron diciendo que «sus hijas están en un colegio de integración, que durante todo el año tienen que convivir con niños de necesidades especiales y que cuando llega el verano se merecen disfrutar del campamento sin tener que estar con estos niños».

Inés de 11 años siempre ha tenido que esforzarse un poco más que el resto de sus compañeros por aprender. Aunque entiende y habla como cualquier otra persona, a veces le cuesta un poco y necesita que le repitan las cosas, pero más allá de eso no tiene problemas para sociabilizar o atender la escuela a la que va en Madrid la cual recibe a otros niños con necesidades educativas especiales y tienen materias adaptadas a cada uno.

La mamá de Inés, Carolina Gómez, inscribe todos los años a su hija en distintos campamentos durante el verano. No son más de dos semanas y la ayudan a integrarse en otras áreas que quizás no tiene la oportunidad de conocer en la escuela.

Este año los padres de Inés tuvieron la idea de enviarla a un campamento donde pudiese aprender inglés. «La primera interesada en que Inés no vaya a un sitio donde no va a ser viable soy yo, por eso fui en persona y conté cómo es Inés con detalle. Me dijeron desde el minuto uno que no había ningún problema, que era todo mediante juegos y actividades y que lo iba a pasar fenomenal e iba a ir aprendiendo y soltándose», dijo Carolina a El Pais.

Carolina Gómez

Inés llegó al campamento el viernes al mediodía y a las 11 de la noche su mamá recibió una llamada por parte de una de las monitoras. «Las madres se estaban quejando porque no querían que Inés esté en la habitación con sus hijas».

Carolina le había pedido con anterioridad a la monitora que no le comentara a las otras niñas de la condición de Inés, pues no era relevante y si les decía quizás se sentirían incómodas. Fue justamente lo que hizo.

«Conforme entró a la habitación le dijo, chicas, vuestra compañera tiene una discapacidad, así que espero que me echéis una mano para cuidarla «. Dos de las niñas en la habitación se conocían y se unieron en llamar a sus padres para reclamar ante la presencia de Inés.

«Decían que sus hijas están en un colegio de integración, que durante todo el año tienen que convivir con niños de necesidades especiales y que cuando llega el verano se merecen disfrutar del campamento sin tener que estar con estos niños».

Carolina propuso que Inés durmiera con otras niñas pero otras madres se quejarían, dijo la monitora. Luego la misma monitora sugirió que Inés durmiera con una de las profesoras pero Carolina se negó.

Carolina Gómez

Al otro día, le dijeron que su hija debía «salir del campamento» pues «tenía comportamientos extraños y no podría seguir las clases porque no tiene ningún nivel».

Junto a su esposo fueron a buscar a su hija, quien dice tiene «la moral por los suelos, ella piensa que la culpa es suya que no consigue ser normal».

Diverbo, la empresa que organiza estos campamentos, fueron contactados por el medio español pero intentaron lavarse las manos diciendo que «una vez iniciado el campamento, nos hemos dado cuenta de que Inés necesitaba, en nuestra opinión, de una atención especial. Hemos intentado ayudarla en la integración al grupo con un refuerzo en la ayuda que le podíamos ofrecer, con una monitora dedica a ella de forma exclusiva para facilitar su integración, que además se ofreció de manera gratuita a la familia. Hemos mostrado nuestra mejor voluntad para conseguir que Inés se quedara con nosotros».

Sin embargo lo que ocurrió es que una niña sufrió de discriminación por el simple hecho de ser «distinta».

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