Por Alvaro Valenzuela
23 octubre, 2015

Después de 12 horas juntos, fueron obligados a separarse nuevamente.

Lee Soon-kyu abrazó por última vez a su marido hace 65 años. Sin embargo, esta abuela de Corea del Sur de 85 años sonrió con timidez, como la joven novia que alguna vez fue cuando se reencontró con Oh In-se su marido. Llevaban apenas siete meses de casados y ella tenía cinco meses de embarazo cuando estalló la Guerra de Corea en 1950 y dejó Corea dividida en dos. El Sr. Oh desapareció en el conflicto y terminó en el territorio del Norte detenido.

Los cónyuges no se vieron otra vez hasta que el Sr. Oh, ahora con 83 años, se presentó vistiendo un sombrero de fieltro negro a las primeras reuniones de familiares separados por la guerra que dejó a dos Coreas rivales y al borde de la guerra constantemente. «No puedo decir cuánto te extrañé», dijo Lee, quien nunca volvió a casarse y crió sola a su hijo. «He llorado tanto pensando en nosotros que ya no hay lágrimas en mí». El Sr. Oh, sosteniendo su mano, dijo: «Mi querido, yo no sabía que la guerra nos iba a hacer esto».

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Pool

La Sra. Lee y su hijo, Oh Jang- Gyun, de 64 años, fueron parte de los 389 surcoreanos que cruzaron la frontera fuertemente armada de su país vecino para reunirse con los 96 ancianos norcoreanos a quienes no veían hace mucho tiempo o quizás veían por primera vez. La Sra. Lee dijo que después de que su marido se le apareció en un sueño en 1978 lo dio por muerto y comenzó la celebración de un ritual anual para un familiar fallecido.

Estas reuniones fueron parte de una tregua firmada por ambos países. Se les concedió permiso a los visitantes para estar juntos por sólo 12 horas, en sesiones de grupo y privadas , y luego tendrán que separarse de nuevo. Después de esta reunión se realizó otra donde 90 ancianos surcoreanos pudieron cruzar la frontera para otra ronda de reuniones de tres días con 188 familiares del norte. Las reuniones se hicieron en un resort norcoreano que alberga a familiares que no se ven tras más 60 años. En todo este tiempo han tenido prohibido intercambiar cartas, llamadas, correos y obviamente reunirse. La última vez que sucedió algo así, hasta esta de octubre de 2015, fue en febrero de 2014.

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Yonhap

El salón donde las reuniones se llevaron a cabo fue un mar de llanto y la risa cuando hermanos se abrazaron unos a otros y los niños, ahora canosos, enterraban sus rostros llenos de lágrimas en el regazo de sus padres que ahora estaban apenas reconocibles en sillas de ruedas. Corea del Sur ha pedido en repetidas ocasiones más reuniones que son vistas como un barómetro de las relación entre ambos países. Pero dadas las tensiones políticas fluctuantes en la península, sólo 18.800 coreanos han podido participar de las 19 rondas de reuniones cara a cara que se han celebrado desde 1985.

Más de la mitad de los 66 mil surcoreanos que esperan para asistir a estas reuniones tienen 80 años o más. Corea del Sur elige a los candidatos a reuniones por lotería, mientras que en el Norte se cree que se les da prioridad a las personas consideradas leales al gobierno.

httpv://youtu.be/5KXzGz_Swxw

A esta última reunión sólo se le permitió el ingreso a la prensa coreana. Los reporteros que fueron desde el sur a cubrir esta reunión debieron pasar una estricta revisión de parte de la seguridad militar de Corea del Norte que incluso inspeccionó las computadoras portátiles de los periodistas. Ningún reportero extranjero pudo asistir al evento.

Este artículo es una adaptación del reportaje escrito por la periodista coreana Choe Sang-Hun para el diario New York Times.

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