Por Maximiliano Díaz
11 mayo, 2018

Noura Hussein Hamad fue engañada por su familia y obligada a casarse a los 19 años con un violador. Intentó defenderse, y ahora la justicia la condena.

Nura Hussein Hamad tiene apenas 19 años, y enfrenta una condena a la pena de muerte. Los jueces se pronunciaron contra ella de manera implacable, y con una decisión que parece ser inapelable. Sentenciada apenas ayer, su caso ha recorrido el mundo con una velocidad impresionante. Incluso desde Amnistía Internacional han llegado a repudiar abiertamente el hecho, que Seif Mangango, el director regional adjunto de la organización calificó como “una crueldad intolerable”. Mangango continuó:

“La pena de muerte es el castigo más cruel, inhumano y degradante. Aplicársela a una víctima no hace más que subrayar el fracaso de las autoridades sudanesas a la hora de reconocer la violencia que tuvo que padecer”.

Una joven sudanesa que buscaba defenderse

La primera pregunta ante una pena de esta categoría es qué clase de hecho llevaría a una persona tan joven a ser tan severamente condenada. Y es justamente su actuar el que ha hecho que las opiniones se dividan en su país de origen.

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Según los informes policiales y fiscales, Husein fue condenaba a la pena de muerte por haber asesinado a Abdulrahman Hamad, su marido hace tres años. Un desconocido al que no amaba y por el que no sentía el más mínimo interés. Sin embargo, su padre la obligó a casarse con él cuando tenía 16 años, amparándose en la ley sudanesa del matrimonio infantil, que permite que niños mayores de 10 años contraigan matrimonio.

Decidida a frustrar la boda, la joven escapó de casa. Viajó incansablemente hasta llegar a Jartum, la capital sudanesa, que está a unos 250 kilómetros de distancia de la casa de sus padres. Allá, se hospedó donde una tía y se dedicó a terminar sus estudios. Su principal objetivo era continuar con ellos. Quería convertirse en maestra.

A principios del 2017, comenzó a tener una comunicación más fluida con sus familiares. Las que al principio habían sido amenazas por frustrar una boda que les habría costado mucho llegar a organizar, y por dejar plantado a un novio capaz de entregar una buena dote para la familia, cambiaron. De pronto, los tonos se volvieron más conciliadores, abiertos y comprensivos. Su familia le aseguró que el matrimonio se había cancelado. Podía volver con ellos y decidir sobre su propia vida. Estarían juntos otra vez. 

Pero todo fue un engaño de parte de sus padres. Al volver a casa, se encontró con los preparativos para la boda listos. A la fuerza, fue entregada al novio y obligada a casarse con él. Para abril del 2017, ya estaban viviendo juntos.

Desinteresada por su nueva casa y con un profundo sentimiento de traición, su marido comenzó a presionarla para mantener relaciones sexuales: “consumar el matrimonio”. Ella se negó. No sentía interés afectivo ni sexual por ese hombre, al que consideraba un completo desconocido. Molesto y herido en su orgullo y su agresiva masculinidad, el hombre no estuvo dispuesto a aceptar un no. Llamó a dos de sus hermanos y un primo. Su objetivo era que ellos tres lo ayudaran a violarla.

Según los reportes de Amnistía, el abusador logró cumplir con su objetivo: sostenida y amenazada por los otros tres hombres, fue violada.

Al día siguiente, Hamad intentó volver a abusar de Hussein, pero ella consiguió soltarse y escapar a la cocina. Allá, tomó un cuchillo buscando defenderse. Hamad, subestimándola y aún con un enfermizo deseo sexual, llegó hasta la cocina. Intentó acercarse a ella, pero se lo impidió. Alcanzaron a forcejear un poco antes de que la joven lo acuchillara.

Aterrorizada, Hussein regresó a casa de sus padres. Allá, relató a su familia los hechos y buscó ayuda. Su padre la entregó a la policía. 

Un juicio sin contemplación por la víctima

“Justicia para Noura (Foto: Instagram/Ahmed M’Ayyed)

Enfrentada contra los tribunales en mayo del 2017, Hussein fue declarada culpable de “homicidio voluntario” bajo los parámetros de una vieja ley que no reconoce la violencia en el matrimonio. Mucho menos la consideración de presunta inocencia o legítima defensa en la búsqueda de la prevención de una violación conyugal.

Desde entonces, la víctima de violación y abuso sexual ha estado detenida en una prisión para mujeres.

A pesar de que el caso podría sonar como una terrible derrota para una joven que soñaba con ser profesional y que fue obligada a casarse por la fuerza, siendo traicionada dos veces por su familia, se ha levantado una pequeña esperanza en torno a ella. 

Este último año, ONGs de todo el mundo, y activistas por los derechos de las mujeres y los niños han realizado varias campañas en contra de los matrimonios forzados, posicionando a Hussein como un ejemplo de valentía en contra de la cultura abiertamente machista de Sudán, y las pocas contemplaciones que las legislaciones tienen hacia las mujeres. Alegan que sigan siendo vistas como objetos de consumo y accesorios para sus esposos, más que como sujetos que debiesen tener todo el derecho y validación para tomar sus propias decisiones sobre su cuerpo y sus relaciones afectivas y sentimentales.

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Yasmeen Hassan, de la ONG Equality Now (Igualdad Ahora), declaró a la BBC en una entrevista que, a pesar de la notable misoginia y la tristeza que le provocaba el veredicto, no se sentía sorprendida por este:

“Sudán es un lugar extremadamente patriarcal y las normas de género son aplicadas con mucha fuerza. Es un lugar donde las niñas tienen permitido casarse a los 10 años. Está legalizada la tutela de los hombres por sobre las mujeres. A ellas se les enseña a caminar en línea recta y no transgredir nada.

En cuanto a Noura, ella es una chica luchadora, es una chica que quería tener educación y hacer cosas buenas en el mundo. Y está atrapada en una situación que ahora la pone como otra víctima de este sistema”.

Amnistía Internacional, en una declaración fuera de la entregada por su director regional, afirmó que una sentencia de este tipo a una víctima de violación, solo delata la tremenda falla de las autoridades frente a situaciones de violencia de género y situaciones que podrían derivar en estas, como el matrimonio infantil, el matrimonio forzado, y la violación al interior de este. 

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Ahora, no queda más que esperar que las ONGs que se han unido en la lucha contra la condena de otra víctima del sistema abusivo y misógino pueda sacarla de la cárcel. Ella merece un juicio justo.

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