Por Daniela Morano
24 enero, 2019

«Nos habíamos preparado tanto para este día, y dos semanas antes miro a James y le pregunto si acaso estábamos jugando con el destino, con la perfección. Porque podríamos haberlas dejado juntas y cuidarlas así», comentó su madre sobre las semanas antes de la peligrosa cirugía para separarlas definitivamente.

Las gemelas Sydney y Lexi Stark nacieron el 9 de marzo del 2001, unidas una a la otra en la parte inferior de sus cuerpos. Las probabilidades de que gemelas siamesas sobrevivan son mínimas, entre un 40 y 60% no alcanza a salir del vientre de su madre respirando, pero hay un 35% de esos bebés que logran nacer y al menos sobrevivir el primer día de vida.

Sydney y Lexi desafiaron las probabilidades, cuando 7 meses después de su nacimiento, seguían vivas. Sus padres James y Emily supieron unos días antes de su nacimiento que estaban unidas y que el nacimiento podría ser peligroso, que el proceso de dar a luz no sería fácil pero «creo que siempre pensamos que sobrevivirían», comentó James en el programa Megyn Kelly Today.

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«Recuerdo haber mirado al techo, y quedarme pegada. Y James se hizo cargo de todo», dijo Emily sobre el momento en que nacieron. «Obviamente sabíamos lo que significaba, habíamos visto y leído historias. El médico nos entregó un libro de mil páginas sobre medicina y literalmente sólo 2 párrafos eran sobre gemelas siamesas».

Eso no los desalentó, sin embargo. Cuando nacieron, «las niñas hacían sonidos y James se acercaba y les contaba chistes como ‘oh Lexi, ¿no es acaso una pesadilla tener a tu hermana pegada al trasero?’ y todas las enfermeras se reían. Pensaron ‘ok, esta familia estará bien'».

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El 9 de octubre de ese año las gemelas fueron sometidas a la peligrosa cirugía que las separaría físicamente por siempre. Como estaban unidas por su columna vertebral y algunos intestinos se cruzaban, el doctor les advirtió que alguna podía quedar con parálisis o morir.

«Nos habíamos preparado tanto para este día, y dos semanas antes miro a James y le pregunto si acaso estábamos jugando con el destino, con la perfección. Porque podríamos haberlas dejado juntas y cuidarlas así. Pero James me dijo que después de todos estos meses se prepararon y tomamos una decisión. Al final del día, hay que confiar en las decisiones y la información que teníamos. Si algo salía mal, obviamente no estarás preparado, pero al menos estabas informado antes».

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Tras horas de cirugía, Lexi y Sydney fueron separadas exitosamente. «Todos en la habitación explotaron de alegría. Era como un cuento de hadas».

Ahora, las dos hermanas tienen 17 años y están terminando la escuela. Cuentan que aunque físicamente no están juntas, pueden sentir lo que la otra siente como «cuando una de las dos está teniendo un mal día y llega a casa y es como ‘sí, lo sabía'», cuenta Lexi.

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Pronto cada una tomará su propio rumbo, yendo a universidades en estados distintos, pero eso no es un problema pues saben que su relación y cómo comenzó su vida por siempre las unirá estén donde estén.

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