Por Diego Cid
2 agosto, 2017

No, no iban a beber la sangre de Dios.

Sí, no estás leyendo mal. ¿Podrías imaginar qué es lo que sucede cuando un grupo de sacerdotes de la Iglesia Católica entra a un bar? No, no es un chiste. Sí, sucedió. De hecho, ni siquiera ellos podrían haber imaginado el resultado que, a pesar de ser bastante irrisorio, terminó por hacerles reír.

El padre Peter McClaren acababa de ser ordenado sacerdote en Cardiff, Inglaterra, así que decidió ir junto a otros miembros de la Iglesia al bar The City Arms a beber un par de cervezas a manera de celebración.

Sin embargo, no contaban con que serían rápidamente expulsados del local.

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El motivo era bastante simple: el local tenía la política de prohibir la atención a la gente vestida de forma elegante o para fiestas.

«Cuando escuchamos estos, nuestra reacción inicial fue que se trataba de una broma hasta que se hizo bastante claro que no era el caso, que estaban siendo serios. Después de que les insistimos sin resultado que éramos estudiantes del sacerdocio, optamos por retirarnos».

Padre McClaren.

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Pero no todo estaba perdido. Cuando se acercaron a la puerta del local para retirarse afligidos por la terrible derrota, un hombre les detuvo. No, no era un ángel ni nada por el estilo -depende de tu interpretación, quizás- era lo que ellos asumen el jefe del local.

Disculpándose por el error que habían cometido los dependientes y creyendo su historia de que eran miembros de la iglesia local, aceptó que se quedaran e incluso les invitó una ronda, causando que todos los locales que bebían en ese momento comenzaran a aplaudir.

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Durante la tarde muchos curiosos se acercaron a conversar con ellos para conocerlos mejor y comprender por qué los sacerdotes se encontraban en el bar.

Muchos de ellos se sorprendieron con las historias y vidas que llevaban antes de comenzar una carrera en la fe.

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Todo terminó en una provechosa relación entre los miembros de la Iglesia de Cardiff y el bar The City Arms, cuyo administrador también se sorprendió al darse cuenta que una de sus cervezas, la «Reverendo Brains», había sido hecha en honor a, bueno, el Reverendo Brains, que justo se encontraba en su local.

Sin duda un gran final para todos, porque todo final con cerveza es buen final.

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