Por Moisés Valenzuela
27 noviembre, 2018

“Llevo aquí todo el día” y “No he comido desde las 13:00” fueron algunas de las razones que dos mujeres dieron para dejar fuera a un niño con parálisis y subir ellas primero. Estoy harto de los que salvan primero su trasero.

Esto no es una nota, es un descargo.

El lenguaje sobre la discapacidad cambió. Ya no es problema de uno, sino de todos. Es un asunto social que, en ambientes realmente inclusivos, no representa una dificultad para nadie. Ya no hay gente inválida, no hay personas incapaces. Sólo gente diferente, como todos y todas.

Suena bien. Pero lamentablemente todavía estamos muy lejos de ello.

Agencia Uno

Pongamos un ejemplo: sí una persona necesita usar silla de ruedas y el lugar al que se dirige tiene rampas adecuadas y accesos preferenciales, su condición no es limitante de nada. No hay situación de discapacidad. En cambio, si sólo hay escaleras y accesos dificultosos, sí la hay. La discapacidad no es inherente a los sujetos, sino un fenómeno surgido de la relación entre ellos, los espacios y los demás.

El problema, entonces, no se localiza en las personas, sino en su vinculación con el entorno. A ello nos referimos cuando hablamos de un asunto social.

Pero, ¿qué sucede cuando están las condiciones y no sabemos utilizarlas?

Un día, en el subterráneo de Santiago, Chile, un joven fue ignorado y dejado fuera por personas que ocuparon el elevador preferencial.

En otra ocasión, un hombre vivió lo mismo, siendo ignorado por jóvenes que no respetaron su acceso exclusivo.

Camilo Torres

Y aunque con estas imágenes algo deberíamos aprender, lamentablemente no es así.

Un nuevo episodio se ha vuelto viral en redes sociales cuando un grupo de mujeres impidió que un pequeño que presenta parálisis y debe movilizarse en silla de ruedas se subiera al elevador.

Cuando su familia pidió permiso para ingresar al ascensor exclusivo para personas con ese tipo condiciones, dos mujeres se negaron. Una alegaba estar cansada y la otra que no había comido desde las 13:00 horas, diciendo además que cuando ella estuvo embarazada nadie le concedió asientos o favores similares.

Youtube

La indignación de las personas que estaban ahí hizo que comenzaran a grabarlas para viralizar su actitud. Sin embargo, eso no les molestó. Continuaron dando sus razones y finalmente dejaron al pequeño fuera del elevador.

Cuando las puertas se abrieron, sin importarles nada de lo que les habían dicho, se subieron y aseguraron su puesto. El niño y su familia quedaron abajo.

Youtube

El video finaliza y no podemos sentir otra cosa más que el mismo enojo de las personas que presenciaron el hecho. Es triste saber que cosas como éstas suceden, que ceder por alguien que necesita algo más que nosotros nos cuesta, que preferimos nuestro bienestar antes del de otro. 

Pese a lo repudiable del hecho, el registro nos sirve para hacer una pausa. Para pensar, para preguntarnos hacia dónde nos estamos dirigiendo como sociedad. Si seguiremos siendo castigadores con la diferencia o de una vez por todas comenzaremos a creer en la inclusión y la diversidad.

Estas mujeres tienen clara su posición, pero la nuestra todavía la podemos cambiar. Aunque sea con pequeños gestos cotidianos, que parecen de nada, son sin duda un avance para construir una sociedad mejor. Que lo pequeño de tus actos no te haga creer que no es ir hacia adelante. Un viaje de mil millas comienza con el primer paso.

Claro que estas dos señoras no están invitadas.

 

 

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