Lo advirtió cuando pudo, pero nadie se dio cuenta. Seguro conoces su nombre.

Tras una larga lucha de los norteamericanos de raza negra por tener una igualdad de derechos, Martin Luther King no solo se consolidó como el ícono de los derechos civiles, sino que además fue ganador de un Premio Nobel de la Paz y fue admirado universalmente por un discurso que pronunció el 28 de agosto de 1963, en plena marcha por el trabajo y la libertad.

Haber nacido negro no le fue indiferente. Desde joven tomó conciencia de la situación de segregación social y racial en que vivían los negros de su país, sobre todo aquellos que residían en sectores más hacia el sur y tenía plenas intenciones de luchar contra esas injusticias.

Y sus métodos alejados de la violencia lo ayudaron a lograrlo. Comenzó a mostrar su carisma y una decisión firme por defender los derechos civiles, inspirándose fundamentalmente en la figura de Mahatma Gandhi, un ícono del pacifismo hindú y así pudo hacerse reconocido -rápidamente- en el resto del país.

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Incluso llegó a ser arrestado en 1960 tras liderar una campaña de alcance nacional que permitió que los negros tuvieran igualdad de acceso a las bibliotecas, los comedores y los estacionamientos. 

Años después, en 1963, encabezó una gigantesca marcha sobre Washington frente a más de 250 mil personas, donde pronunció el discurso hoy titulado “I have a dream” (tengo un sueño) y que hasta hoy parece ser el más recordado mundialmente. Eso y muchas otras acciones lo llevaron a ganar el premio Nobel de la Paz en 1964.

Sin embargo, pese a ser muy admirado, también había muchísimas personas que lo odiaban y que incluso llegaron a poner fin a su lucha con un trágico desenlace.

Un día antes de morir, Luther King viajó a Memphis para dar un discurso titulado “I’ve been to the mountaintop” (He estado en la cima de la montaña) en el Mason Temple. Sin embargo, su llegada se vio retrasada porque habían amenazas de bombas en su contra.

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Como sabiendo que la muerte estaba próxima, en su discurso dijo:

“Tenemos días difíciles por delante. Pero en realidad no me importa qué suceda conmigo ahora, porque he estado en la cima de una montaña. Y no me importa. Como a cualquiera, me gustaría vivir una larga vida… Pero eso no me preocupa ahora: sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Él es quien me ha permitido llegar a la cima de la montaña y mirar desde ahí. He visto la Tierra Prometida. Quizá no llegue hasta allá con ustedes. Pero quiero que sepan esta noche, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida. Y por eso estoy muy feliz esta noche y no estoy preocupado por nada. No temo a ningún hombre”.

Al día siguiente, con 39 años, el líder fue asesinado por un francotirador con un tiro en la cabeza mientras saludaba a sus seguidores desde el balcón del motel Lorraine, donde se estaba hospedando.

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Dos meses después, James Earl Ray, un convicto fugitivo, fue arrestado y acusado por el homicidio de King. En marzo de 1969, confesó haberlo hecho, aunque días después se retractó. Finalmente aceptó declararse culpable para evitar ser ejecutado tras la condena. Fue sentenciado a 99 años de prisión.

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