Por Daniela Morano
19 diciembre, 2018

Su sueño era ver a la niña crecer feliz, pues él y su esposa nunca llegaron a conocer a sus nietos.

Durante la época navideña ocurren muchos milagros, principalmente porque la gente esta dispuesta a hacer los sueños de otras personas realidad, especialmente de los niños. Ellos son sin duda alguna quienes más se ilusionan con esta época. Quizás es ese espíritu festivo lo que lleva a algunos adultos a hacer cosas como las que hizo Ken Watson, de 87 años, quien recientemente falleció, pero dejó atrás un especial secreto. 

Watson, de Barry, Inglaterra, era un buzo retirado que en febrero del 2012, quedó viudo tras la muerte de su amada esposa. La pareja no alcanzó a tener nietos, lo que explicaría el bello gesto que Watson tuvo con su vecina, una niña llamada Cadi Williams, de 2 años.

En los años que estuvo sin trabajar y sin su esposa, Watson se acostumbró a ver a la pequeña vecina crecer junto a su familia. Y comenzó a practicar un peculiar hobby: reunir regalos para Cadi. 

Deadline News

“Nuestro vecino falleció hace poco. Su hija tocó nuestra puerta hace un rato con una bolsa llena de regalos. Adentro estaban todos los regalos de navidad que él compró para *nuestra* hija para los próximos 13 años”.

Los papás de Cadi, Owen y Caroline Williams, no pudieron evitar llorar cuando vieron los regalos. “Pensé que era basura pero luego me dijo que todos eran regalos que su papá reunió para Cadi. Se los mostré a mi esposa que estaba en FaceTime con su mamá en Irlanda. Mi esposa se puso a llorar, y yo y su mamá. Es difícil describir la sensación porque fue muy inesperado. No sé hace cuánto tiempo los tenía guardados, quizás hace 2 años o quizás los compró hace poco”, le comentó a Daily Mail.

Wales News Service
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La familia ya abrió uno de los regalos, un libro para niños llamado “Christmas Eve at the Mellops”, del escritor Tomi Ungerer.

“Sabemos que hay varios libros, algunos juguetes”, comentó Owen. 

Wales News Service

Respecto a cuando se conocieron por primera vez, contó que cuando recién llegaron al vecindario se encargaron de ir a saludar a cada uno de sus vecinos. “En ese entonces él tenía 83 años. Le dio a nuestro perra una galleta de chocolate. Lo amo desde ese momento”.

El hijo de Ken, Ian, dijo que “sabía sobre esto desde antes que falleciera. Era un hombre muy amable. En una bella historia y ojalá todos sepan la gran persona que era”.

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