Por Daniela Morano
7 enero, 2019

«Jamás pensé que a los 34 estaría viviendo con mi papá, sin trabajo, sin dinero, y jugando y comiendo todo el día», dijo.

Comer compulsivamente miles de calorías en un día puede ser tan grave como beber alcohol constantemente. Las cosas pueden fácilmente salirse de las manos, llevando al cuerpo a necesitar más y más de esa comida extra para poder funcionar. La situación es aún más grave cuando la persona no puede detenerse, y poco a poco deja de ser capaz de cumplir con tareas diarias debido a su incapacidad para moverse. 

Casey King, de 34 años, compartió su historia con el programa del canal TLC, «Family by the Ton», el cual cuenta la historia de distintas familias que necesitan ayuda con urgencia para bajar de peso. 

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Casey, de Georgia, Estados Unidos, pesa 317 kilos y hace años que no trabaja y vive con su papá, Danny, quien lo mantiene y de quien depende por completo. «Comeré hasta morir», le dijo a la cámara. «Un día normal en mi vida es levantarme a las 12, pensar en qué comeré y luego ver televisión, jugar videojuegos, acostarme. Pero no es mucha actividad».

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No sólo no puede moverse mucho más lejos de su cama, sino que además aseguró que no puede vestirse, pues su ropa no le entra. «Hace calor en Georgia, y toda mi ropa es chica o apretada, así que me siento desnudo, lo más libre que pueda estar para que nadie me estorbe».

La comunidad «gamer» se ha convertido en su zona de comfort, «ahí todos me aceptan, en la realidad virtual. Nadie me ve. Es mi exterior. Ahí puedo ser el Casey que quiero ser, sin ser juzgado por mi sobrepeso».

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«Jamás pensé que a los 34 estaría viviendo con mi papá, sin trabajo, sin dinero, y jugando y comiendo todo el día». Según Casey, siempre fue un niño «grande» pues al terminar la escuela ya pesaba 136 kilos pero una vez que comenzó a trabajar en restaurants, subía cada vez más.

«Me costaba moverme así que renuncié. Mi mamá me dijo que si quería vivir con ella, debía trabajar, así que me echó. El único lugar donde pude ir fue donde mi papá, así que aquí estoy».

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Entonces las cosas empeoraron. Su papá le daba de comer todas sus comidas favoritas y Casey se sentía feliz comiendo, todo se salió de control. Incluso admitió que un par de veces quedó atrapado en la ducha, por lo que ahora se baña en el jardín de la casa: «Tengo que levantar mucha piel, es un proceso muy complejo».

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A pesar de ser cercanos, Danny admite que cuidar de Casey ha sido frustrante en muchos momentos. «Estoy cansado. Debería ser más activo, pero no lo es. Sólo está ahí. Lo espero y no debería, lo amo, es mi hijo y me siento obligado a cuidarlo».

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