Por Diego Aspillaga
22 enero, 2020

Según el vocero de la Diócesis de Veracruz, Víctor Díaz, llamar estas relaciones «matrimonio» no es correcto y la Iglesia no puede aceptarlo. Desde la otra vereda critican que el término propuesto podría significar muchas cosas distintas.

Para nadie es una sorpresa la férrea oposición de la Iglesia Católica al matrimonio de las personas del mismo sexo. 

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A pesar de que la población gay sólo quiere el reconocimiento civil de sus uniones y así tener la seguridad legal que gozan las parejas heterosexuales, a ancestral entidad se ha negado a entregar su apoyo e incluso se ha dedicado a hacer campaña en contra del matrimonio igualitario.

Desde la Iglesia argumentan que el matrimonio corresponde sólo a la unión entre un hombre y una mujer, y que brindarle esta calidad -aunque sea sólo legal- a otro tipo de relaciones va directamente en contra de la institución del matrimonio y del mismísimo significado.

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Desde el activismo homosexual, en tanto, argumentan que el matrimonio es una construcción social que otorga la sociedad para reconocer y respetar a una pareja que decide unirse para toda la vida. Esta construcción civil surgió antes que el catolicismo y no porque la Iglesia haya adoptado el término significa que puede aceptar o negar quien lo usa.

Las posiciones de ambos bandos son definitivas y han estado en conflicto desde siempre.

Ahora el debate se ha encendido nuevamente debido a una iniciativa de reforma de ley en México que al fin permitiría legalizar las relaciones del mismo sexo.

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Es por esto mismo que desde la iglesia Católica de Veracruz, en México, propusieron una solución al problema de una vez por todas.

Según publicó el portal SDP Noticias, el vocero de la Diócesis de Veracruz, Víctor días Mendoza, dijo en una entrevista que la unión entre parejas gay debería llamarse simplemente «contrato entre dos personas», no matrimonio.

Según el religioso, la Iglesia Católica no puede apoyar ni validar los argumentos del matrimonio igualitario ya que, como mencionamos anteriormente, éste sólo podría darse entre un hombre y una mujer, jamás en otro caso en particular.

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Esto, sin embargo, no significaría que la Diócesis de Veracruz ni la Iglesia Católica se opongan a los derechos de las parejas gay.

Víctor Díaz aseguró que reconocen que las parejas homosexuales necesitan certidumbre acerca de las condiciones legales de su relación. Según él, no se está en contra de que este grupo de personas persiga sus derechos «con justa razón» sino de que se use el término «matrimonio» de manera incorrecta. 

Esta propuesta, si bien parece ser bien intencionada, no fue bien recibida por la opinión pública ni los movimientos de derechos homosexuales debido a la ambigüedad del término.

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Desde esa vereda afirman que para efectos legales y del Estado, el término matrimonio puede y debe ser aplicado a la unión de parejas sin importar su orientación sexual pues identificaría plenamente el contrato, los derechos y las obligaciones que están adquiriendo los implicados.

Por otra parte, un «contrato entre dos personas», como postula la Iglesia, puede significar cualquier cosa, desde una unión, un matrimonio o una relación entre patrón-empleado, alianzas empresariales o de prestación de servicios, publicó SDP.

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Y es que si ya hay una figura legal que representa perfectamente las obligaciones y derechos que contrae una pareja, ¿por qué debería inventarse otra figura nueva, sobre todo por razones religiosas ajenas al Estado que legisla?

El debate continúa.

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