Por Camila Cáceres
23 mayo, 2017

Se les comenzó a caer la piel.

“La leyenda cuenta que había una gran ciudad en las montañas que fue azotada por una serie de catástrofes y todos sus habitantes pensaron que los dioses estaban furiosos con ellos, así que se fueron, dejando todas sus cosas atrás”, dice Douglas Preston en su libro La Ciudad Perdida del Dios Mono, también llamada la Ciudad Blanca por su gente, que recuerda su gloriosa existencia desde alrededor del año 1500.

El problema es que su ubicación estaba escondida entre más de 30 mil kilómetros cuadrados de selva lluviosa tropical justo en el borde entre Honduras y Nicaragua.

Muchos habían fallado donde ellos planeaban triunfar, pero su expedición incluía científicos, arqueólogos, exploradores veteranos y hasta antropólogos.

¿Qué podía salir mal?

Primero enviaron un avión a sobrevolar la zona para escanear la superficie usando tecnología de primera línea. Luego esta información se utilizó para crear un modelo 3D dentro de una computadora que se encargó de buscar estructuras entre la jungla— y las halló.

¿No es maravillosa la tecnología?

“Eran estructuras hechas por seres humanos o nos íbamos a encontrar con las ratas más inteligentes del mundo haciendo cosas que nunca habían hecho antes”.

-Bill Benenson en Exploradores: Leyenda del Dios Mono

El camino hasta la ciudad no era fácil. Tuvieron que enfrentarse a un follaje inexplorado y un terreno escarpado, además de arriesgar accidentes, enfermedades y encuentros cercanos del tipo salvaje— dentro de los primeros días encontraron una serpiente venenosa en su campamento.

Andrew Wood, un ex-soldado de Fuerzas Especiales y experto en junglas, agarró a la criatura en el momento justo, pero no logró mitigar completamente el peligro.

“Atrapó a la serpiente, pero la serpiente explotó de furia desesperada atacando el aire en todas direcciones, escupiendo veneno, hilos de veneno entre la brisa nocturna”.

-Steve Elkins en el documental del National Geographic: Exploradores: Leyenda del Dios Mono

Woods recomendó colgar su cabeza a nivel de suelo ya que eso alejaría a otros seres curiosos que quisieran acercarse.

Dave Yoder

A los pocos días y gracias a un GPS basado en el mapa creado por computadora, encontraron la ciudad perdida a piezas, la imagen del Dios Mono por aquí, una roca marcada por allí.

Dave Yoder

“Retrocedimos y lo primero que distinguí fue la cabeza del jaguar saliendo de la tierra, tallada en piedra, rugiendo”.

-Steve Elkins en el documental del National Geographic: Exploradores: Leyenda del Dios Mono

Esta incursión se ganó muchas críticas de la población indígena, quienes consideran la ciudad sagrada y declararon repetidamente que debían dejar las cosas como estaban. ¿Pero escucha alguien a los indigenas sobre las ciudades malditas? Por supuesto que no.

Benenson Productions

Cuando la expedición decidió retirarse del lugar ahora que ya tenían una idea del equipo que necesitarían para sacar los artículos, comenzaron extrañas molestias. Dolores. Crecientes y horribles heridas que no estaban allí el día anterior.

¿Sería la tan temida maldición del Dios Mono que protege la ciudad de invasores?

En realidad se trataba de Leishmaniasis, un parásito que se transmite a través de picaduras de mosquito y que puede destrozar la carne humana como nada.

“El parásito migra a las membranas mucosas de tu boca y tu nariz y básicamente se las coma. Tu nariz se cae, y tus labios, y eventualmente toda tu cara es una horrible herida abierta”.

-Douglas Preston en su libro La Ciudad Perdida del Dios Mono

CDC

La mitad del equipo presentó síntomas del virus y necesitó tratamiento. Y este solo produce vómitos, efectos neurológicos y fuertes dolores de estomago.

El equipo decidió reconsiderar sus movimientos. No es que crean en las maldiciones ni nada de eso.

“Es sólo que es muy peligroso. Sólo llegar y salir de allí es peligroso”.

-Douglas Preston en su libro La Ciudad Perdida del Dios Mono

¿Visitarías esta ciudad maldita?

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