Por Daniela Morano
5 octubre, 2018

Hace más de 600 años que este templo tiene la misión de ayudar en el duelo a quienes han perdido a un hijo/a.

Cada religión y cultura tiene distintas creencias respecto a la vida humana. Unas creen en un dios mientras que otras creen en el poder del universo, unas en la vida después de la muerte, en la reencarnación y en otros casos no creen que exista algo más allá después de que dejemos la tierra. Y lo mismo ocurre al momento de honrar a quienes nos dejan.

La vida es sagrada y ha de ser recordada por quienes continúan en el camino que otros terminaron. Especialmente si quienes se han ido son recién nacidos, o niños que ni siquiera tuvieron la oportunidad de nacer por distintas razones.

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El templo de Zojoji abrió sus puertas en el siglo XVI y pertenece a la rama Jodo-shu del budismo. Durante 600 años, las casas del templo han mantenido un mausoleo perteneciente a la familia Tokugawa, quienes reinaban en ese entonces y quienes idearon esta especial forma de honrar a los niños.

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El jardín de este templo está cubierto de estatuas Jizo, las cuales representan a bebés que no nacieron debido a abortos espontáneos o no, y niños que nacen sin vida. Algunas de estas son decoradas son ropa y juguetes para ayudar a las familias en el su duelo.

Además, es un lugar para dejarle ofrendas a Jizobosatsu, el protector budista de mujeres y niños, para asegurarse de que sus almas lleguen a salvo al otro lado.

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Una vez al mes, el templo realiza un servicio funerario para cualquier persona que haya perdido a su hijo/a. Los participantes dejan pequeñas bolsas de tela roja para elegir su “figura de compasión”, es decir, Jizo o incluso Jesus, dependiendo de las creencias de cada quien.

Las bolsas son puestas sobre las estatuas mientras encienden incienso y un monje proclama. Si bien es una ceremonia breve, es poderosa. Las ofrendas son dejadas en la sala de oraciones durante un mes antes de ser llevadas al jardín permanentemente.

El templo puede ser visitado por cualquiera.

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