Por Teresa Donoso
18 Abril, 2017

Medio siglo atrás, a las mujeres no nos permitían correr los 42k. Ella lo hizo posible.

Kathrine Switzer se inscribió en la popular y reconocida Maratón de Boston en 1967 usando sólo sus iniciales. En aquellos años, sólo medio siglo atrás, era impensable que una mujer corriese la distancia de 42 kilómetros. Muchos decían que se te podía llegar a caer el útero, o que tus piernas se pondrían demasiado gruesas. Algunos llegaban a extremos de decir que te saldría mucho vello facial (como si eso pudiese detener a una corredora enamorada de sus zapatillas y los kilómetros).

Getty Images

Fue así que se convirtió en la primera mujer en correr la distancia de la maratón en una carrera reconocida, llevando un número en su pecho: el mítico 261. La imagen de los organizadores intentando sacarla de la carrera ha recorrido el mundo entero desde ese entonces. Para el recordado evento, Switzer tenía 20 años y la acompañaba su novio, quien la liberó del hombre que con violencia intentaba recordarle algo absurdo: que las mujeres no corrían, y ciertamente no corrían Boston.

“En esos tiempos, la maratón era una carrera de hombres; las mujeres eran consideradas demasiado frágiles como para correr esa distancia. Pero había entrenado duro y confiaba en mi fortaleza, y aún así necesité que mi novio me ayudara para librarme del guardia en la carrera”, aseguró la maratonista en un ensayo que escribió para el NY Times hace 10 años.

En 1967, Kathrine terminó los 42 kilómetros en cuatro horas y 20 minutos. Este año, medio siglo después y con 70 años, la leyenda corrió la Maratón de Boston en 4:44:31.

Hagen Hopkins / Runner’s World

Sólo cicno años más tarde, en 1972, Boston accedió a que las mujeres corrieran la maratón. Finalmente, en 1984, los Juegos Olímpicos instauraron la prueba de maratón femenina.

“En 1967 pocos hubiesen creído que correr una maratón podría atraer a tantas mujeres, convertirse en un evento glamoroso tanto en las Olimpiadas como en las calles de las ciudades más importantes y transformar la visión de la habilidad física de las mujeres, así como también ayudar a redefinir sus roles económicos en las culturas tradicionales”.

Correr esta maratón puso sobre el tapete un tema que durante décadas no había sido discutido: la posibilidad de que las mujeres ocupáramos un lugar importante en el mundo de los deportes. En 1974, Switzer ganó la Maratón de Nueva York y el año siguiente volvió a Boston, terminando con un tiempo de 2:51, su récord personal. Su fama se volvió innegable y ella usó su influencia de la mejor forma posible: luchando por los derechos de las mujeres en los deportes.

AP

Para ella, el deporte va más allá de lo físico, y asegura que el hecho de que las mujeres comenzaran a correr y descubrir su propio poder las ayudaba a comprender que tenían la fortaleza necesaria para vivir una vida diferente. Esto fue lo que le aseguró a Runner’s World:

“Cuando una mujer siente su propia fortaleza es algo muy empoderador. Cree en sí misma y sabe que puede dar más. Lo cambia todo”.

Si bien ella sabe que aún nos falta mucho por avanzar en diferentes áreas para llegar a la igualdad entre los géneros, siente que se ha avanzado mucho en medio siglo:

“El hecho de que las mujeres jóvenes den por hecho que pueden competir tal como los hombres al correr es fantástico. Eso es lo que siempre quisimos cuando comenzamos a trabajar para obtener más aceptación”.

Como corredora de larga distancia, debo decir que su historia está muy cerca de mi corazón, y que en cada meta que cruzo nunca olvido el hecho de que si hubiese nacido 70 u 80 años atrás, llevar un número en mi pecho con orgullo no me hubiese estado permitido. Su determinación cambió la historia de todas y eso es algo que no se olvida jamás.

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