Por Alex Miranda
18 julio, 2018

El consejo creado por Trump para discutir el tema de la caza está diciendo que la mejor manera de cuidar a los animales en peligro de extinción es la caza deportiva.

Un «show de horror». Así ha llamado Donald Trump a la caza por trofeos o caza deportiva, una actividad que consiste en matar animales para quedarse con preciadas partes del mismo a modo de premio. Esto, sumado a el último caso de una turista estadounidense que se fotografió con una jirafa que recién había matado, hacen que el consejo que Trump armó en 2017 para discutir la caza deportiva, cobre una nueva relevancia.

El problema es que, a diferencia de lo que uno podría imaginar, ese consejo no está compuesto por abogados que defienden los derechos de los animales en peligro de extinción, sino que por defensores de los cazadores deportivos. Observadores del caso dicen que temen que las desiciones de esta junta hagan más simple para los cazadores importar partes de los animales muertos en África a Estados Unidos.

El Consejo Internacional para la Conservación de la Vida Salvaje (o IWCC por sus siglas en inglés), dice que la caza deportiva -una actividad tan cara que solo es posible para una élite- es un excelente método para mantener la conservación de estas especies. Sí, por extraño que parezca. De hecho, John Jackson III, uno de los miembros del IWCC, dice lo siguiente: «El consejo está enfocado en hacer de la caza una mejor herramienta para conservar a los animales.»

Solo dos de los 16 miembros del consejo no trabajan activamente en la defensa de los cazadores deportivos, el resto pertenece al Club internacional de Safari y a la NRA, la Asociación Nacional del Rifle de USA. En vez de preocuparse de como limitar la caza deportiva, este grupo de personas se está enfocando en como aumentar su público objetivo.

Rex Shutterstock

«Una actividad burguesa»

En el último tiempo, y gracias a las redes sociales, la caza deportiva se ha alzado como un problema real para la comunidad. Es solo cosa de recordar casos como el dentista de Minnesota que en 2015 mató de un disparo al león Cecil, un animal inmensamente popular en África, y que logró despertar varias muestras de apoyo al rededor del globo; o a la mujer de Kentucky que -como ya se dijo- posó al lado del cadáver de la jirafa que recién había matado, cosa más que grave, en especial porque desde 1990 la población de jirafas ha disminuido en un 40%.

Los cazadores deportivos tienen un poder bastante grande en la administración de Donald Trump, partiendo porque sus hijos, Donald Jr y Eric, son activos cazadores y frecuentemente viajan a África para practicar esta disciplina. Además, la IWCC funciona bajo el auspicio del secretario del interior Ryan Zinke, que recibió $10.000 dólares del Safari Club para su carrera de congresista en 2016. La gente está preocupada de que las decisiones tomadas terminen ayudando a los cazadores más que a los animales.

Donald Trump Jr en uno de sus viajes de caza / Foto: Hunting Legends

Tanya Sanerib, la directora legal internacional del Centro por la Diversidad Biológica, señala:

«Esta es una disciplina que es para la élite, una actividad burguesa. Además, la gente que se considera a sí misma como conservacionista no piensa que la caza por trofeos sea realmente conservación«.

Si bien los Estados Unidos no pueden prohibir a sus ciudadanos de cazar en otra nación, sí pueden regular la cantidad de importaciones de trofeos que se llevan de vuelta a su país. De hecho, ya es ley que cuando un cazador quiere entrar un trofeo al país del norte, debe presentar los papeles donde demuestre que esa muerte individual ayuda a las especies a mantenerse con vida.

La Agencia de Peces y Vida Salvaje, que es la encargada de las importaciones de estos trofeos, mantiene su idea de que una caza deportiva bien regulada es benéfico para los animales en vías de extinción. «La mayoría de la vida salvaje se acabaría si no fuera por el hábitat de los animales y las acciones anti-cazadores furtivos». 

Y es que una de las opiniones que más se ocupa para mantener la caza deportiva, es la que dice que este tipo de prácticas -mientras estén bien reguladas- mantiene lejos a los cazadores furtivos que solo buscan hacer dinero fácil. Pero aún así es difícil asegurar que esto ayuda a la conservación de las especies, aunque sí es innegable que puede generar un constante flujo de dinero para la ciudad usada para cazar.

Si bien hay muchos que dicen que la caza ayuda al mantenimiento de la cadena alimenticia y promueve diversidad, hay otros que dicen que la mejor manera de acabar con la caza furtiva no es por medio de la caza deportiva, sino que acabando con el tráfico. En el caso de los elefantes por ejemplo, se trataría de terminar con el tráfico de marfil.

Sean Herbert / AP

Matar a uno y salvar tres

Scott Creel, un biólogo de la Universidad del Estado de Montana, hizo un estudio en base a la población de leones en Zambia. En ese estudio se podía ver claramente como la caza deportiva afectaba a los leones:

«Nuestros datos muestran que los leones estaban siendo cazados más de lo que se debería, por lo que el gobierno de Zambia implementó una prohibición de cazar leones por tres años, la respuesta fue inmediata; la población comenzó a crecer, habían más machos vivos y eso a su vez hacía que hubieran más cachorros en la manada».

Como evidenciaron los ya comentados casos de cazadores viralizados por redes sociales, este debate tiene un lado ético también, que no hay que dejar de lado. Sanerib, por ejemplo, cree que este método de caza funciona básicamente como un sistema de «pague por participar»:

«Mientras tengas el suficiente dinero, y mientras digas que lo inviertes en esta especie de mantención de especies, puedes hacer lo que quieras».

Jackson III, el miembro del IWCC, lo ve de otra manera. Según él:

«La prensa da datos falsos, y la gente termina por no tener idea de qué es lo que atacan, un paradigma que salva más animales que cualquiera, y para la que no hay alternativa. Cuando la comunidad de cazadores se acabe, ese también será la caída de la mayoría de los hábitats y la mayoría de la vida salvaje».

Las animales muertos por los viajes para cazar de Jackson son aproximadamente una docena de elefantes, pero él cree que el dinero que ha pagado por ese derecho pudo salvar a cientos de otros animales en peligro de extinción.

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