Por Maximiliano Díaz
26 marzo, 2018

El hombre más poderoso del mundo recibió 1.600 millones de dólares para comenzar su proyecto. Aseguró que el muro es indispensable para la «defensa nacional».

Donald Trump es uno de los personajes públicos más polémicos del mundo. El presidente de los Estados Unidos es reconocido por dividir las aguas entre su pueblo. Es bastante común que, mientras saque aplausos en ciertas comunidades, solo genere repudio y resentimiento en otras por la poca sensatez de sus ideas. Su modo de pensar se ha vuelto célebre por su fuerte machismo, su misoginia, su apoyo a la tenencia de armas, y, sobre todo, a su racismo y su xenofobia. 

Durante la carrera por la presidencia, en la que Trump venció a Hillary Clinton en las urnas, una de sus medidas más controversiales para ganar votos del sector conservador, y anti inmigración de la ciudadanía estadounidense, fue el de un control migratorio extremo. Ofrecía medidas preventivas para la inmigración ilegal, y duras penas para quienes quebrasen estos mandatos. Sin embargo, había algo, un objeto en particular, que prometía convertirse en el símbolo del cambio en las políticas de inmigración estadounidense: un gran muro alzándose en la frontera con México.

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Como muchos de nosotros sabemos, México es un país que tiene un flujo migratorio muy grande hacia los Estados Unidos. En muchas ocasiones, el principal motor que impulsa a los mexicanos a traspasar la frontera es la búsqueda de mejores condiciones laborales, y una mejor vida. En promedio, un trabajador mexicano en Estados Unidos gana 1870 dólares; en cambio, para aquellos que se quedan en su país natal, el salario medio se quedó estancado en los 291 dólares. Casi seis veces menos.

Sin embargo, al presidente número 45 de los Estados Unidos le interesa bastante poco que México sea uno de los países con las brechas salariales más altas del mundo. Para él, el vecino del norte es solo un obstáculo.

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La realización del sueño

Finalmente, después de años de promesas, y la noticia de la aprobación del congreso por un total de 1.600 millones de dólares destinados a su levantamiento, el presidente de los Estados Unidos anunció la construcción del muro que separará a su nación con México. Celebrativo, el presidente declaró en su Twitter:

«Se puede hacer mucho con los 1.600 millones de dólares otorgados para construir y reparar el muro fronterizo. Es solo un pago inicial. El trabajo comenzará de inmediato».

A pesar de que los 1.600 millones parece una cifra bastante generosa en materia de políticas públicas, sobre todo cuando se habla de una idea tan descabellada y arcaica como construir un muro para separar dos fronteras, a Trump le fue concedida una cifra bastante menor de la que él esperaba. En un principio, el magnate solicitó al congreso 25.000 millones de dólares. Sin embargo, y aunque le haya sido dada una pequeñísima fracción de la que él habría solicitado, asegura que «el resto del dinero vendrá».

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Ahora que tiene el dinero, los desafíos de Trump son otros: la aprobación de su proyecto establece ciertas restricciones, tanto en su gasto, como en la cantidad de kilómetros que el muro podrá abarcar. Además, la edificación deberá trazar una ruta segura, y no dejar nada al azar en el plan de su levantamiento. Por si esto fuera poco, el presidente también debe destinar un porcentaje importante de los 1.600 millones de dólares a tareas específicas. Una de ellas, por ejemplo, es emplear 251 millones en renovar la doble verja que ya existe entre San Diego y Tijuana; y seguramente, querrá moldear un poco estas nuevas reglas a su gusto.

México según Trump

Desde el lente de Trump, la enorme hostilidad que demuestra sin ningún pudor hacia los mexicanos que viajan a los Estados Unidos en búsqueda de una mejor vida, está completamente justificada: para el presidente, la presencia extranjera en su país solo significa una amenaza. Suele relacionar a los mexicanos con los vicios de la delincuencia, el narcotráfico, y una baja calidad humana que amenaza a un estado entero.

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En su Twitter personal, Trump volvió a emitir una polémica declaración, en la que aseguraba que:

«Construir una gran Muralla Fronteriza, con drogas y combatientes enemigos entrando en nuestro país, tiene que ver con la Defensa Nacional. ¡Construyamos el Muro a lo largo de M[éxico]!».

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Para muchas personas, incluso entre sus votantes, el muro parecía una medida imposible de realizar. Sonaba a un populismo barato e inmediato. ¿Qué clase de medida para combatir la extranjería ilegal es levantar un muro entre un país y otro? Cualquiera podría pensar que la peor de todas. En lugar de preocuparse por políticas públicas, leyes más severas para la regulación en la entrada de los extranjeros, o más apoyo y control en las fronteras; él decidió levantar un enorme muro.

Pero la situación comenzaba a volverse real apenas a principios de este mes, cuando Trump viajó hasta California para revisar posibles prototipos del muro que se extenderá a lo largo del límite con México.

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Otras intenciones

El muro, además de significar una restricción importante en la entrada de los inmigrantes mexicanos, adquiere también un valor tan simbólico como práctico para el presidente. Según él, el muro servirá para restablecer cierta fuerza y prestigio en las fuerzas armadas. Según otra declaración que hizo en Twitter (aparentemente, su red social favorita), la partida presupuestaria destinada al Pentágono servirá para «reconstruir las Fuerzas Armadas estadounidenses, crear muchos empleos, y para que el Ejército «vuelva a ser rico».

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