Por Maximiliano Díaz
13 junio, 2018

Las vacas solo dan leche si tienen crías o están embarazadas. El año pasado, una sola industria mató a más de 2 millones de terneros.

Es triste y sencillo: les niegan la posibilidad de estar con sus madres, y las de alimentarse. Al parecer, muchos de nosotros obviamos que las compañías lecheras no son una especie de fábrica de leche. Tienen a una legión de vacas trabajando para ellos, y las condiciones pueden llegar a ser peores que las de la polémica industria de la carne.

A pesar de que muchos creen que las vacas pueden dar leche sin la necesidad inmediata de alimentar a otro ser vivo, lo cierto es que los dueños de las lecherías las mantienen dando a luz constantemente. Y, como no hay espacio en el negocio para esos “pequeños parásitos”, son tratados como desechos de la materia prima de sus productos. Descuidados, sin atenciones y generalmente muertos a los pocos días de nacidos, casi 2 millones de terneros son asesinados al año en Nueva Zelanda, uno de los países con la industria lechera más importante del mundo. 

Safe For Animals/Farmwatch

El camino natural del ternero

Cuando son criadas en ranchos respetuosos, o simplemente en la naturaleza, las vacas no suelen separarse de sus terneros. Ellos necesitan mucha leche para crecer sanos: la vaca los amamante entre 5 a 8 veces cada día durante las primeras semanas, y suelen mantenerse juntos día y noche hasta que la cría cumpla dos años. 

En las lecherías neozelandesas, la situación es violentamente distinta: según los portales Safe for Animals y Farmwatch, ambos dedicados a potencias las prácticas respetuosas en toda la industria relacionada al consumo de productos animales, los terneros son alejados de sus madres casi apenas nacen. En un vídeo que las fundaciones grabaron para denunciar el hecho, se ve que un ternero con apenas unos días de nacido es tomado por un hombre con violencia, y echado en la parte trasera de una camioneta. La vaca intenta seguirla, pero le es imposible seguirle el ritmo. Jamás han sido animales veloces, y las heridas aún abiertas del parto tampoco ayudan en nada.

Eso es todo. Ellos dos no volverán a verse jamás.

Safe For Animals/Farmwatch

El destino de los terneros, casi siempre, es ser sacrificado (una palabra demasiado amable y agradable si se piensa en el sacrificio como una ofrenda a un ser superior) para el dios de la industria lechera. Otros, los más “afortunados” como algunos sugieren. Son alimentados para luego ser vendidos a la industria de la carne. Terminarán siendo cortes ordinarios que se pongan sobre la mesa. En cuanto a las hembras, ellas se quedan. Son las únicas que tienen derecho. Deben reemplazar a sus gastadas madres cuando ellas ya tampoco sirvan.

Los terneros seleccionados para ser vendidos como carne no pasan por un proceso de selección. Es algo, en realidad, caprichoso: los verdugos son los trabajadores de la lechería. Generalmente, llevan a los terneros a potreros o cobertizos, y los alimentan con una solución artificial que les es brindada por una máquina. El principal objetivo del alimento es engordarlos. No pueden tenerlos demasiado tiempo. Algunos meses después, los matan. 

Safe For Animals/Farmwatch

La moneda de cambio

Pero los granjeros tampoco son ingenuos: saben que la clase de ganado que se cría para la carne, y la que se cría para dar leche, son razas distintas, y que un ternero de la raza lechera no es bien cotizado en el mercado (cada uno de estos terneros es vendido a cerca de un dólar, y sus compradores casi siempre son trabajadores de la industria del alimento para mascotas que buscan experimentar con ellos). Si no hay suficiente dinero o ánimos de criarlo para vender su carne a precios bajos, entonces pasa directo al matadero. En inglés, se le ha dado a estos terneros la categoría de “Bobby Calves” (donde “calve” significa “ternero”; y Bobby es un apodo infantil típico. Una designación utilizada para generar simpatía y hacer comprender al público que se trata de un animal infante). Los cerca de 2 millones de terneros Bobby asesinados en Nueva Zelanda cada año, no consideran a los abortos inducidos a las vacas por los mismos granjeros, ni a los animales asesinados fuera del matadero.  

Safe For Animals/Farmwatch

Los terneros, como todos los otros animales pequeños que no comprenden nada de su medio, y son alejados de manera brusca de sus madres, casi siempre se encuentran confundidos, desorientados y algo bravos al momento de ser llevados al matadero. Son demasiado jóvenes como para poder lidiar de manera correcta con el estrés, las emociones fuertes, y todos los estímulos del medio (como el transporte violento, la mala alimentación, la soledad, y el maltrato de los trabajadores de la industria).

Madres solitarias

Las vacas, al igual que las madres humanas, llevan a sus crías dentro de ellas durante 9 meses, y generan un lazo increíblemente fuerte con sus terneros durante los primeros años. Sin embargo, parece ser que a la industria esto le importa bastante poco. Las vacas, al igual que los terneros, se sienten deprimidas y desorientadas cuando sus crías desaparecen. Más aún cuando este es un sentimiento que se repite a lo largo de todos los años para que ellas sigan entregando leche a las industrias. Según cuentan desde Safe For Animals, es normal pasearse por los potreros en las lecherías, y oír a las vacas mugir mientras buscan a sus hijos durante semanas.

Safe For Animals/Farmwatch

Luego, cuando la vaca ya ha sanado, los corraleros vuelven a llevarlas con el macho para que se apareen. La vaca se embaraza. Pasan nueve meses. Un ternero ha nacido. 

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