Por Alejandro Basulto
31 diciembre, 2020

Debido a una mutación genética que solo afecta a unas pocas personas en el mundo, entre ellos a los Sarker, residentes en el distrito norte de Rajshahi (Bangladesh), se les hace todo más difícil.

Apu Sarker, de 22 años, es parte de una familia que reside en una aldea en el distrito norte de Rajshahi (Bangladesh) y que se ha hecho conocida por una extraña particularidad en sus manos. Debido a que tres generaciones de los Sarker nacieron con una mutación genética que les dejó sin huellas dactilares. Se llama queratodermia palmoplantar congénita, que sería una versión secundaria de la Adermatoglyphia, que tiene su origen en el gen SMARCAD1. Condición tan rara que solo afecta a unas pocas personas en el mundo y que carece de efectos nocivos a nivel médico.

Siendo el primero de este familia en tenerla, el abuelo de Apu, cuando en su época no era gran cosa carecer de huellas dactilares. “No creo que nunca lo haya considerado un problema”, dijo Apu a BBC.

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Este joven bangladesí trabajaba como asistente médico hasta hace unos pocos días, mientras que su padre y su abuelo se desempeñaron toda su vida como agricultores.

Trabajo en el que en un principio, la falta de huellas dactilares no era un gran problema. Lo que cambió con la llegada de las nuevas décadas y así con el mayor conocimiento y los avances tecnológicos que se han ido obteniendo. Ya que los pequeños surcos que giran alrededor de las yemas de nuestros dedos, llamados dermatoglifos, son hoy los datos biométricos más recopilados del mundo.

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En la actualidad las huellas dactilares se utilizan para todo. Desde comprar y utilizar bonos o tarjetas de crédito, a pasar por los aeropuertos o abrir nuestros smartphones. De hecho, hasta para votar, un derecho ciudadano esencial de toda persona, se necesita tener dermatoglifos. Complicaciones que irrumpieron con fuerza durante el año 2008, cuando era Apu tan solo un niño y en su país habían introducido las tarjetas de identificación nacionales para todos los adultos, y para las que se requería una huella digital.

Amal Sarker, papá de Apu, dejó desconcertados a los funcionarios al no saber ellos como emitirle una tarjeta, resolviéndose con estamparle en ella un “Sin huella digital”.

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Posteriormente, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para los pasaportes y licencias de conducir, obteniendo Ama su pasaporte luego de varios intentos y tras mostrar un certificado de licencia médica. Pero nunca ha usado esta tarjeta, porque teme los problemas por los que podría pasar en el aeropuerto. Y a pesar de que el uso de una motocicleta es esencial para su desempeño com agricultor, nunca ha podido obtener un permiso para conducir.

Lo que le ha significado dos multas, a pesar de que aprobó el examen y que cada vez que lo detienen muestra la tarifa que pagó, sus dedos y le explica su caso a los policías.

“Pagué la tarifa, aprobé el examen, pero no emitieron una licencia porque no pude proporcionar huellas dactilares (…) Esta es siempre una experiencia embarazosa para mí”

– dijo Amal Sarker

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Además, más encima en el año 2016 el gobierno obligó hacer coincidir una huella digital con la base de datos nacional al momento de comprar una tarjeta SIM para un teléfono móvil. A Apu se le negó la compra, y desde ese entonces, junto con todos los miembros masculinos de la familia utilizan tarjetas SIM a nombre de su madre.

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Hombres sin huellas dactilares, que además por su condición tienen piel seca y carecen de sudoración en sus palmas y pies. Siendo lo más grave, lo difícil que se les hace vivir en sociedad debido a sus limitaciones ante las nuevas tecnologías y exigencias biométricas. “No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró Amal, sintiendo dolor y lástima por sus hijos. Sin embargo, Amal y Apu obtuvieron recientemente un nuevo tipo de tarjeta de identificación nacional, que utiliza otros datos biométricos como el escaneo de retina y el reconocimiento facial.

Además de que Apu estudia ir a la Corte de Justicia para poder acceder a cosas que otros pueden y él no.

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