Por Maximiliano Díaz
22 agosto, 2018

Han sido casi 70 años sin llamadas telefónicas, cartas ni fotografías. Ahora, madres, hermanos e hijos devastados por la guerra rompen en llanto al volver a verse.

Kim Byung-oh y su hermana Kim Soon Ok eran apenas un par de muchachos cuando la guerra entre las dos Coreas estalló en 1950. Ambos seguían en la escuela y tuvieron que ver cómo el territorio se dividía. Cada uno se quedó en una Corea distinta, y, a la espera de los avances en la política internacional, lentamente sus vidas pasaron sin saber nada del otro: parejas, lugar de residencia, teléfono, alguna fotografía. Lo que sea. Eran hermanos, pero también una presencia fantasmal que cruzaba una frontera.

Una vida en once horas

Casi 70 años después de que estallara la guerra, un Kim Byung-oh de 88 años le decía a una hermana casi irreconocible que no ha pegado una sola pestañeada desde que le llegó la noticia: él y Kim Soon (ahora de 81 años), habían sido seleccionados entre las 57 mil familias que postularon para reunirse. El grupo solo se compuso de 89 elegidos que fueron llevados a la frontera entre ambas coreas.

Cuando se encontraron, una emocionada Kim Soon Ok le aseguraba a que hermano que «Los lazos de sangre no desaparecen, incluso después de todo este tiempo. Te ves igual a mí». Entonces, ambos se sentaron y Kim Soon sacó unas fotos viejas en las que ella sonríe en un colegio médico de Corea del Norte. «Llevo una vida respetada en Pyongyang», le aseguró a su anciano hermano.

Familias reunidas: La surcoreana Lee Keum-seom, de 92, vuelve a abrazar a su hijo Ri San Chol, de 71. Kim Ok Hui, la mujer de la derecha, es la hijastra de Ri San. (Foto: AP)

Kim Byung le aseguró que él estuvo trabajando como director de una escuela secundaria hasta que jubiló, hace aproximadamente 10 años. Le dijo a su hermana, emocionado, que era un honor que a ella le hubiese ido tan bien en su vida.

La conversación de ambos pasó a volverse una un poco más distendida y hablaron sobre lo que habían sido sus vidas durante casi toda una existencia. La dificultad de hacerla juntos los frustra y los entristece, pero esperan cosas mejores para las próximas generaciones. Kim Soon habla sobre el maravilloso momento de la reunificación, y que espera que puedan vivir juntos por apenas un minuto antes de que mueran.

Ellos, junto a las otras 88 familias, son parte de un programa extraordinario que se lleva a cabo solo una vez cada cierto tiempo indefinido (el último fue hace tres años), y que este año comenzó el 20 de agosto y finalizará el 23, permitiéndoles estar, en total, 11 horas juntos divididos en tres días.

Reunión en fotos: La surcoreana Kim Hye-ja, de 75 años, abraza a su hermano menor, Kim Eun Ha, de 75. (Foto: AP)

Hoy es 22 de agosto, y padres, madres, hijos, sobrinos, hermanos y esposos aprovechan de volver a estar juntos. Cada familia tiene grupos de aproximadamente tres familiares, y la mayoría están compuestos por refugiados que escaparon a Corea del Sur después de que estalló la guerra. El más viejo, es un hombre 101 años. Mañana todos deberán volver a alejarse de la frontera, y a menos de que esta reunión en particular logre tocar una fibra sensible en Kim Jong-un, no podrán volver a verse ni intercambiar siquiera una carta.

Las 89 familias llegan a la reunión. Si no tenían familiares para ser acompañados, eran escoltados por voluntarios de la Cruz Roja (Foto: AP)

Una tradición estancada

El programa entre las coreas empezó en 1985, y no se repitió hasta que el 2000 se asomaba. Desde entonces, más de 17.000 familias han sido parte de las 20 reuniones. Algunas otras han participado de breves (y aún más esporádicos) programas de vídeollamadas.

El reencuentro suena como una historia profundamente bella y esperanzadora, pero está lejos de ser, realmente, lo que prometen las postales de las familias que se encuentran. El sentimiento sostenido de persecución por parte de los líderes del norte, ha hecho que los programas de reunión se estanquen y que las familias queden atrapadas sin volver a ver a sus seres queridos. En este momento, más de 130 mil ciudadanos de Corea del Sur son miembros registrados de familias divididas, pero más de la mitad de ellos ha muerto antes de que el norte dé la luz verde para un reencuentro. Entre aquellos aún vivos que siguen en la lista, más de 12.000 tienen más de 90 años, y siguen a la espera de una sola noticia en casi siete décadas.

Reunión en fotos: La surcoreana Lee Keum-seom, de 92, se reencuentra con su hijo Ri Sang Chol, de 71. (Foto: AP)

Para Moon Jae-in, el presidente de Corea del Sur, este es un acto que no le enorgullece, y cuyo avance debe ser prioritario: «Es una vergüenza para los gobiernos tanto del sur como del norte que tantas familias hayan fallecido sin saber si sus parientes estaban vivos«, declaró el lunes en una entrevista. Moon sabe de lo que habla: cuando estalló la guerra, sus padres escaparon de Corea del Norte en una balsa, y él no volvió a ver a su hermana hasta el 2004, cuando se celebró uno de estos encuentros.

Moon, quien además de estar de acuerdo con que se implemente un proyecto de ley que les permita intercambiar cartas, también asegura que el reencuentro debe ser considerado prioridad para las dos coreas.

Familias cortadas por la política

Un par de pasos más allá de donde Kim Byung-oh y Kim Soon Ok comparten el registro de sus vidas en breves once horas, las hermanas norcoreanas Kim Gong Sil y Kim Gyong Yong esperan, nerviosas, lograr encontrar a su madre entre la multitud. Las hermanas tienen 72 y 71 años respectivamente, y llevan encima unos ceremoniosos hanboks, el vestido coreano tradicional. Apenas la multitud se abre para descubrir a su madre, ambas se ponen de pie. Lloran.

Reunión en fotos: Lee Moon-hyuk, de 95 años (el tercero de izquierda a derecha), se fotografía con sus familiares de Corea del Norte. (Foto: AP)

Es la primera vez que se ven, las hermanas casi no recuerdan a su madre, Han Shin-ja, que se mueve con más energía de la que uno podría esperar para una mujer de 99 años. Han Shin no suelta las manos de sus hijas mientras hablan.

Desgraciadamente, no todo es dicha en estos intensos encuentros. La ideología y la hostilidad norcoreanas han logrado permear profundamente en estas instancias, y no es extraño ver discursos de fieles que confirman su lealtad al régimen, o que pasen canciones de propaganda. Cha Je-kein, de 84 años, sabe muy bien esto. O, al menos lo supo cuando se reunió con Cha Sung Il, un sobrino norcoreano que tiene 50 años y al que vería por primera vez en su vida: cuando Cha Je-kein le habló sobre la necesidad de la reunificación, el hombre le aseguró que no estaba de acuerdo, al menos, hasta que «los bastardos americanos fuesen expulsados».

Entonces, explotó la discusión histórica contra la ideológica. La mujer mayor intentó hacerle ver a su sobrino que la guerra se originó porque el líder norcoreano Kim Il Sung invadió el sur en 1950. Pero el hombre no quiso entender, citando la propaganda de su país, aseguró que los «bastardos americanos» eran los culpables de lo que pasó en junio de 1950.

Probablemente, esta sea la primera y última vez que estas familias se encuentren tras la guerra (Foto: AP)

Una solución de parche a la espera

Afortunadamente, las familias más astutas y las más atravesadas por el dolor de ser separados, no caen en la propaganda política de los norcoreanos. Después de la primera cena, que duró dos horas, ya se miran más de cerca y se hablan con más cercanía. El banquete está plagado de delicias norcoreanas y mucha cerveza. El sonido de los vasos brindando se expande por el salón. A veces, lo interrumpe el llanto, pero los asistentes lo comprenden: saben qué se siente estar así de emocionados.

Nadie, por supuesto, piensa en el final de los encuentros. Saben que se avecina, y también que la mayoría ya son demasiado viejos como para, tal vez, volver a verse. Ha sido una vida difícil y, a pesar de que lo intentaron, a estar alturas ya no fue posible hacerla junto a sus seres queridos. Tal vez hubo otros, aunque esa gran herida no lograse aplacarse.

AP

Muy pronto, los miembros de estas familias volverán a casa, y solo entonces, una segunda tanda de 83 familias también tendrá su momento para encontrarse entre el 24 y el 26 de este mismo mes. Los surcoreanos deciden quiénes serán mediante un sistema de lotería computarizada; los norcoreanos, en cambio, seleccionan a los candidatos mediante medidas azarosas que indican cuánto ama cada candidato a su país.

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