Por Camila Cáceres
29 septiembre, 2017

Ella sí hubiese subido a Jack a la tabla.

El hundimiento del Titanic lleva más de un siglo conmoviendo al público. La tragedia ocurrida entre el 14 y el 15 de abril de 1912 es una de esas cosas que necesitan marcar la historia, un evento desafortunado causado directamente por la arrogancia y la negligencia de unos pocos y en la que murieron entre 1,500 y 1,600 personas.

Claro que, seamos honestos, la mayoría de la gente -al menos la gente de mi edad- conoce bien la historia porque vio Titanic, la película estrenada en 1997 y que rompió todos los récords de venta de la época, además de ganarse todos los premios.

Creo que lo importante es que conozcamos la historia. Ya saben, “aquellos que no conocen su pasado están obligados a repetirlo”.

Afortunadamente, en el caso de que no hallamos aprendido la lección, siempre habrá personas como “la insumergible Molly Brown”, interpretada en la película por la fabulosa Kathy Bates.

20th Century Fox

Margaret Brown fue conocida en sus primeros años como “Maggie” Tobin, una de las hijas menores de una familia muy humilde.

Tanto así que eventualmente los hermanos debieron separarse para que los mayores mantuvieran a los más pequeños. Margaret tenía 18 años cuando se mudó a una cabaña con su hermano Daniel y encontró trabajo en una tienda departamental.

Fue allí que conoció a James Joseph Brown, un hombre humilde, pero tremendamente inteligente, que después de una ardua campaña logró convencerla de casarse con él.

Margaret escribió:

“Quería un hombre rico, pero amo a Jim Brown. Pensaba en lo mucho que quería darle comodidad a mi padre y lo determinada que estaba a seguir soltera hasta que un hombre apareciera que pudiese darle al viejo algunas de las cosas que quiero para él. Jim es tan pobre como nosotros y no tiene oportunidades en la vida.

Luché conmigo misma por días y días. Amaba a Jim, pero él era pobre.

Finalmente decidí que estaría mejor con un hombre pobre que amaba que con uno rico del que no me atrajera más que su dinero. Así que me casé con Jim Brown”.

Margaret no tenía idea que sus sueños se cumplirían de todas formas, pues J.J. invirtió en minería y algunos trabajos de ingeniería suyos resultarían fundamentales para extracción de valiosos minerales. Margaret ayudaba en la cocina para los mineros y la pareja era tremendamente querida, a pesar de que su estatus económico subía y subía.

Dominio público

Lo primero que Brown hizo con su repentino estatus como millonaria fue educarse. Se metió de cabeza a estudiar arte y al cabo de unos años hablaba fluidamente francés, italiano, alemán y ruso. 

Tristemente, su matrimonio con Jim no tuvo la misma fortuna y se separaron calladamente después de 23 años juntos. Todo registro apunta a que continuaron una relación afectuosa y jamás se ha podido confirmar exactamente qué pasó entre ellos.

Lo único seguro es que Margaret comenzó a recibir una pensión mensual de $700 dólares (unos $18,700 dólares actuales) que usó para actividades de caridad y para viajar.

Ayudó a construir la Catedral de la Inmaculada Concepción en Denver. Fue fundamental para el desarrollo de la primera corte juvenil de Estados Unidos. Incluso hizo carrera política, algo particularmente increíble considerando que las mujeres blancas de su nación obtuvieron el voto alrededor de 1875 y las mujeres negras recién en 1920.

En 1912 estaba recorriendo Egipto cuando le llegó noticia de que su nieta mayor estaba gravemente enferma. Decidió regresar inmediatamente en el primer barco que tuviese un viaje directo a Nueva York.

Este barco, por supuesto, era el Titanic.

20th Century Fox

Margaret Brown no escatimó en gastos y pagó un pasaje en primera clase. La acompañaban el magnate John Jacob Astor IV, el hombre más rico en abordar el Titanic, con una fortuna equivalente a $2.16 BILLONES de dólares actuales, y su esposa Madeleine.

Tras el naufragio, el grupo se separó en diferentes direcciones.

Astor encontró el bote número 4, donde aseguró a su esposa un asiento y podría haber subido, pero según el Chicago Record Herald y testimonios de Children of the Titanic, cedió su puesto a dos adolescentes y subió a fumar con su amigo Jacques Futrelle. Fue la última vez que se le vio con vida.

Mientras tanto, Margaret había pasado el tiempo ayudando a personas a llegar a los botes hasta que personal del barco la convenció de abordar el bote número 6. Sin embargo cuando notó que comenzaban a alejarse sin haber llenado los asientos, empezó una batalla campal con el capitán.

El hombre a cargo del bote, Robert Hitchens, temía que si volvían a acercarse al Titanic podrían ser arrastrados por la succión o la cantidad de personas extra podría hundirlos.

En la acción que la haría pasar a la historia, Brown amenazó al capitán que podía escoger: volvían o lo tiraba al mar y ella se tomaba el bote a la fuerza.

La leyenda ha desvanecido toda seguridad sobre los hechos que siguieron al (obvio) regreso del bote al Titanic, pero algunos testimonios aseguran que logró salvar hasta 40 personas.

Dominio público

Sus acciones le ganaron una particular fama entre los sobrevivientes del Titanic, algo que usó el resto de su vida para llamar la atención a causas que le parecían importantes como los derechos de los trabajadores y las mujeres, la preservación de la historia y los museos, la educación de los niños, pero por sobre todo, el heroísmo que presenció durante el naufragio.

Fue premiada con la Legión de Honor francesa, una medalla que destaca “méritos extraordinarios”.

En sus últimos años, Margaret trabajó como actriz y luchó por conservar la herencia de su ex marido, quien murió en 1922 sin dejar un testamento.

A pesar de sus años de separación, Margaret le dijo a los periódicos:

“Jamas conocí a un hombre mejor, más grandioso y más valioso que J.J. Brown”.

Tras su muerte y por su petición, fueron enterrados juntos en el Cementerio Holy Rood de Nueva York.

20th Century Fox

Pero después de esto quizá se pregunten por qué rayos le dicen “Molly”.

Como pasa con todo, la popularidad de los sobrevivientes del Titanic fue disminuyendo con el tiempo. Muchos habían olvidado el heroísmo de Margaret Brown cuando en 1960 Meredith Wilson compuso un musical sobre su vida. El nombre “Molly” era mucho más fácil de cantar que “Margaret” o “Maggie”, así que sin darle muchas vueltas, decidió cambiarlo.

El musical fue tan popular que se convirtió en una película protagonizada por Debbie Reynolds.

El argumento se vendió como una biografía, así que la gente asumió que “la insumergible Molly Brown” era el verdadero título de su nuevo personaje histórico favorito.

A pesar de que Margaret no fue conocida en vida como tal en nuestros tiempos, honestamente creo que le haría mucha gracia.

Dominio público

Una mujer realmente adelantada en su época.

¿Te imaginas la clase de persona que sería hoy en día?

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