Por Daniela Morano
19 octubre, 2017

Pero tuvo que aguantar más de 200 tratamientos con electroshock.

Mejor conocida como Janet Frame, Nenet Janet Paterson Clutha nació en Dunedin, Nueva Zelanda en 1924 y fue una de las autoras neozelandesas más conocidas de su país, a pesar de esconderse del público casi toda su vida. Pero como muchas escritoras, no fue su obra lo que más llamó la atención, sino que su particular vida personal, la que su misma escritura reflejó muy claramente. 

Cuando Frame era sólo una adolescente, dos de sus hermanas, Myrtle e Isabel, murieron ahogadas en accidentes aislados. Mientras que su hermano George sufría de ataques de epilepsia constantemente.


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Atendió una escuela de entrenamiento para maestras, donde se sintió tan sola que iba a sentarse sola en las tumbas de los cementerios. Ese mismo año, mientras daba clases, un inspector la interrumpió y entró en pánico, tras lo cual salió de la sala y nunca regresó. Sufrió de un colapso y fue diagnosticada con esquizofrenia.

Un tiempo antes ya había intentado quitarse la vida ingiriendo aspirinas e iba frecuentemente a terapia desde entonces, pero al parecer no fue suficiente pues continuaron tratándola como una persona enferma. Cabe recordar que, en esa época, muchas enfermedades mentales eran poco conocidas y entendidas por la gente, incluso los mismos psiquiatras.


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Tras el incidente con el inspector de la escuela Frame fue internada en un hospital psiquiátrico bajo observación. Eventualmente fue dada de alta pero se rehusaba a regresar a su casa, donde su papá y hermano peleaban constantemente. Como el ambiente familiar no era el óptimo, ingresó por voluntad propia nuevamente a psiquiátricos durante los próximos ocho años.

En una de las varias ocasiones en que salió, se hizo amiga del escritor Frank Sargeson, quien le ofreció un lugar donde quedarse en Auckland. Fue allí donde escribió su primera novela: «Los búhos no lloran», en 1957. La novela trataba de una paciente en un hospital psiquiátrico, lo que muchos han interpretado como su propia historia.

La peor parte de su historia fue cuando escapó por muy poco de ser sometida a una lobotomía, para tratar su supuesta esquizofrenia. Supuesta pues después de más de 11 años siendo tratada por esta enfermedad, médicos en Londres le aseguraron que había sido mal diagnosticada y que no sufría de esta, sino que simplemente era diferente al resto de la gente.


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De la lobotomía se salvó gracias a que un psiquiatra del hospital leyó que había recibido un premio literario y la dejó ir. Aún así, tuvo que aguantar más de 200 tratamientos con electroshock.

Frame escribió 12 novelas, 4 colecciones de historias, y una colección de poesía, más tres volúmenes de textos autobiográficos que le significaron docenas de premios literarios.

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Si bien en sus memorias es donde mejor se puede entender lo dolorosa que era su vida, es también en su poesía donde se puede apreciar con más sutilezas como se sentía la autora.

«Soy invisible.

Siempre he sido invisible

como la pobreza en un país rico,

como los ricos en sus cuartos velados de sus casas con muchos cuartos,

como las pulgas, los piojos, como lo que crece bajo la tierra,

los mundos más allá del cielo, el viento, el tiempo, las ideas –

el catálogo de invisibilidad es inagotable,

y, eso dicen, no es buena poesía.»

A pesar de sus múltiples obras, Frame siempre se mantuvo lejos del público, lo que provocó aún más interés en su vida por parte de lectores y periodistas.

Murió de leucemia el 2004, a los 79 años, pocos días después de recibir su último premio como ícono de la literatura neozelandesa.

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