Por Francisco Armanet
30 noviembre, 2017

«Jim no aceptó un ‘no’ como respuesta… La tomó del cabello y empujó dentro de la camioneta», confesó el productor que lo acompañaba en la fiesta.

A Jim Morrison le bastaron 27 años para dejar un legado artístico más trascendental y perdurable en el tiempo que el que han logrado reunir cientos de músicos durante décadas de arduo trabajo y composición. Y claro, hablamos de un genio especial, de esos que llegan al mundo para marcar épocas y convertirse en referente de miles y miles de personas sin importar cuándo o dónde ellas  se encuentren. Lo cierto, sin embargo, es que Morrison era un genio atormentado, de aquellos que por iluminar tanto terminan quemándose en el camino. Y, por muy triste y difícil que sea aceptarlo, el líder de The Doors acabó incinerado.

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Ahora, dentro de las dificultades por las que pasó el cantante durante su vida, no sólo se traslucen aquellas de las que él fue víctima, sino también las que involucraron a terceros.

Paul Rothchild, productor musical de The Doors y amigo cercano de Morrison, dio a conocer el lado más oscuro del vocalista a través de detalles que posteriormente aparecieron en el libro biográfico «Break On Through: The Life and Death of Jim Morrison», escrito por James Riordan

En un repaso por los rasgos más íntimos y desconocidos de su personalidad, Rothchild narró un particular evento que ocurrió en una fiesta en Los Ángeles durante la segunda mitad de la década de los ’60.

Morrison y Rothchild.

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El productor trabajaba tanto con Jim como con Janis Joplin, por lo que, considerando la grandeza de ambos artistas, decidió que había que juntarlos. Sin embargo, las cosas resultaron muy distinto a lo que él esperaba.

Este fue el relato que Rothchild dio a Bam Magazine en su momento:

«Yo trabaja con el rey y la reina del rock ‘n’ roll, entonces decidí reunirlos. Había una fiesta en Hidden Hills y los invité a ambos. Llegaron sobrios, conversaban y parecían disfrutar mucho de estar allí los dos. Jim estaba fascinado con esta chica increíble y, por supuesto, él también era un tipo muy apuesto y fascinante. A Janis le encantaba el sexo, coger era su pasatiempo. Ella vio a Morrison y dijo ‘lo quiero para mí’. Pero Jim se emborrachaba prácticamente todos los días y ese no sería la excepción. Como de costumbre cuando tomaba, se ponía cargante, desagradable y violento. Se convertía en un idiota, un borracho asqueroso. Y Janis, que era una ebria encantadora, se dio cuenta que Jim estaba hecho un imbécil y lo rechazó de inmediato. Pero, como sucede mucho, mientras más ella lo evitaba, más atracción sentía Morrison. Así funcionaba él, ese era su estilo. Entonces, luego de unos minutos, Janis se me acercó y me dijo ‘vámonos de aquí’. Salimos los dos hacia la camioneta que ella manejaba y vi a Jim prácticamente arrastrándose hacia Janis. Le dijo un par de palabras pero ella le contestó que se fuera al carajo. Porque claro, ya no estaba interesada. Pero Jim no aceptó un ‘no’ como respuesta… La tomó del cabello y empujó dentro de la camioneta diciendo que queríaa verla desnuda. Y bueno, como ella era una chica ruda, tomó una botella de Southern Comfort y la reventó contra su cabeza. Jim volvió a la fiesta completamente aturdido. Al día siguiente, lo vi en el ensayo como si nada, me miró y me dijo ‘¡Qué tremenda chica! ¡Es grandiosa! ¿Puedes darme su número de teléfono?’ Jim estaba enamorado. La confrontación física era lo suyo, él amaba la violencia. Tuve que decirle, ‘Jim, Janis no cree que sea una buena idea que ustedes vuelvan a verse’. Y nunca lo hicieron, él quedó obsesionado».

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