Por Fernanda Peña
11 mayo, 2017

Un típico caso de: “¡USTEDES NO SABEN QUIÉN SOY YO!” que terminó de la mejor manera.

La protagonista de esta historia relató a Hefty.co la incómoda situación que vivió en su juventud, cuando consiguió un trabajo a tiempo parcial como cajera de tienda para costear sus estudios. Casos como este nos enseñan a ser mejores personas. Pero lo será aún más, si eres de ese tipo de gente que disfruta de hacer el papel de cliente incómodo, donde sea que vaya.

Esta es la historia

Todo ocurrió en medio de una jornada bastante agitada, donde incluso los jefes habían puesto manos a la obra para ayudar a atender a la multitud. Nuestra protagonista estaba atendiendo la caja cuando vio a una mujer rubia, de aspecto elegante y notoria clase social; que arrojó sus prendas sobre la registradora y detrás de eso, arrojó una lluvia de cupones para obtener descuento. A su lado, una pequeña de siete años que parecía ser su hija, observaba la situación.

Como era de esperarse con tantos cupones, uno de ellos estaba vencido (desde hacía un año) y era imposible redimirlo. Al explicarle que esto no iba a ser posible la mujer entró en cólera:

“¿Pero por qué? Es un cupón y usted debe aceptar cualquier cupón que un cliente le de!, ¡Me gustaría hablar con su gerente, no tengo tiempo para esta mierda!”.

-reclamó la ofuscada mujer.-

Pero ahí no paró todo. Al llegar, el gerente escuchó la peor parte:

“¿Ves mi amor? ¡Esta es la razón por la que debes ir a la Universidad y obtener una educación, para que no termines trabajando de cajera, como ella!”

-decía la mujer en un tono sarcástico y “dulce”, a la niña que la acompañaba.-

Nadie podía creer lo que estaba pasando, esa mujer necesitaba claramente que alguien la pusiera en su lugar…

“¿Perdón? ¿Puede repetir lo que acaba de decir?”.

-dijo el gerente.-

La mujer sin pensarlo repitió su comentario y allí es donde el jefe de nuestra protagonista, se lució con la mejor solución que hayamos visto.

Él mismo comenzó a sacar las prendas de las bolsas y a devolverle a la mujer sus bonos de descuento.

“Pero ¿Qué demonios estás haciendo?”.

De la manera más calmada él le respondió esto: 

“No voy a dejarte aquí a ridiculizar y abusar de mis empleados. Te voy a pedir que te vayas. Ya no queremos hacer negocios contigo”.

Pagaría por ver la cara de vergüenza que puso la mujer, quien enseguida lanzó una rabieta con lágrimas y todo, mientras que los demás clientes -y su hija- la miraban atónitos.

“Su hija de siete años se comportó mejor que ella”.

-contó después la cajera.-

Por su puesto, que tras la vergüenza, solo resolvió tomar a su hija de la mano y se fue vociferando que llamaría a los dueños de la marca para que despidieran a todos los que le habían echo pasar ese mal momento. Incluso acuñó la típica frase:

“¡USTEDES NO SABEN QUIEN SOY YO!”.

El gerente de esta tienda nos dejó una gran lección para afrontar una situación que sale de todo contexto. Pero hay otra pregunta que tiene que ver con la pequeña que acompañaba a la difícil mujer: ¿Cuál es la enseñanza que le estamos dejando a nuestros hijos?

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