Por Maximiliano Díaz
19 junio, 2018

En menos de 24 horas, personas de todo el mundo dan un total de 4,2 mil millones de likes, sin embargo ¿qué hay de cierto detrás de todo eso?

La primera imagen es de una chica sonriéndole al espejo. Se ve muy joven. No debe tener más de 17 años. Es delgada, tiene el pelo café y muy largo, y lleva un vestido negro que le descubre la espalda. Detrás de ella, hay luces tenues de muchos colores y fotos en las paredes. Es, claramente, la habitación de una adolescente. La muchacha se toca el pelo para arreglárselo, toma un par de vestidos y se los pone enfrente. Poco conforme, los avienta a la cama. Decidida a quedarse con la misma prenda, se mira de perfil en el espejo y se sienta frente a un tocador que está en la misma habitación. Ahí, se maquilla con delicadeza. Parte por las pestañas; luego, se pinta los labios. Le siguen la sombra y los aretes. Mira al celular con los ojos entrecerrados y el rostro adornado con sus labios rojos. Su delgado brazo extiende el teléfono. Está lista para sacarse una selfie. 

Orange.es

Prueba varias fotos: distintas muecas y ángulos. Finalmente, selecciona una. Le escribe un texto cerca del pie: «me voy de fiesta». Oprime el botón para que la fotografía se suba. Una vez en la web, ella se puede despreocupar. Deja el teléfono sobre la mesa, cambia su mueca de inmediato y mira fijamente al espejo. Luego, toma unas toallitas desmaquillantes y se las pasa por los ojos y la boca con una expresión afectada. Nunca existió tal fiesta.

Orange.es

4,2 mil millones de likes

Esas son las imágenes de la campaña de Orange.es para prevenir que los muchachos se conviertan en devotos de la cultura del like. De acuerdo a Omnicore, una empresa de cuidado digital, cada día se dan cerca de 4,2 mil millones de likes. El símbolo del pulgar hacia arriba es uno que la generación z (actuales jóvenes criados en la cuna de la red social) ha llegado a comprender como una fuente de validación. Ahora, el like es una especie de símbolo de estatus, y un bastión en la competición por el número de seguidores.

Actualmente, las redes sociales son una especie de extensión de nuestra propia vida: sirven, a grandes rasgos, como un registro de todo lo que hacemos y la información que somos capaces de contener en nuestros teléfonos. Hace no mucho tiempo, una filtración de los datos de Facebook daba a sus usuarios la preocupante noticia de que, al parecer, habían compartido demasiado de sus vidas con lo virtual. Y, desgraciadamente, lo que está en línea, casi nunca puede ser quitado de circulación.

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Cuando sabemos que cada visita, fotografía, número de teléfono, incluso los platos de comida se van amontonando lentamente en un registro sin fin de nuestra huella por las redes sociales, es normal que nos preocupemos. Sobre todo al momento de estar frente a una generación que, al parecer, no ha tomado suficiente conciencia sobre los riesgos de la dependencia del internet. Ya que, bajo términos lógicos, no es solo el peligro de la información expuesta lo que amenaza: el mero hecho de ver en nuestros perfiles virtuales una extensión de nosotros mismos es nocivo para nosotros. En muchas ocasiones, podemos estar buscando generar una imagen para agradar al resto. 

La tiranía del like

Muchos de los jóvenes más duramente inmersos en las redes sociales, manejan algunos datos para que sus publicaciones sean más populares (y por lo tanto, ellos también): cosas como los mejores horarios para subir una fotografía, la luz adecuada en las selfies, o la revisión de temas específicos para actualizar estados. Esto los convierte en víctimas de lo que muchos llaman «la tiranía del like»: personas que adquieren mecanismos de éxito social para destacar virtualmente.

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En algunos casos, se intenta bajarle el perfil al impacto de las redes sociales en nuestras vidas. No es extraño ver a gente joven hablando sobre la explosión tecnológica, y asegurando que, probablemente, la preocupación sobre los celulares no sea nada más que la adaptación contemporánea de un miedo que se pudo haber sentido antes: como con la llegada de la radio, la televisión o los teléfonos de red fija. Sin embargo, la gran diferencia que tiene el internet con todos estos otros avances tecnológicos radica, más que nada, en el hecho de que la interconexión inmediata se hace de una manera mucho más sencilla. Entonces, sintiéndonos expuestos y relacionados en tantos niveles con personas que son externas a nuestros círculos cercanos, comenzamos a comportarnos de maneras complacientes para impresionarlos. 

No es raro que la gente más joven reniegue de su presencia «real» en pos de la virtual: se descuidan a sí mismos y sus propios proyectos palpables y plausibles para dar una imagen de éxito en lo que todos pueden ver. Como si la retina de sus pares estuviese más centrada en la pantalla que en los hechos. Así, el mundo digital termina teniendo más importancia que el real. Y eso puede generar serios problemas de ansiedad y autoestima, en el caso de que los proyectos virtuales no resulten como ellos lo esperan.

Una lista de soluciones sanas

Lo que antes fue una valoración positiva o una suerte de «+1» o «estoy de acuerdo» ahora terminó convirtiéndose en una herramienta de validación social. Pero muchos aseguran que esto es prevenible. La crisis provocada de la tiranía del like no implica, necesariamente, una permanencia en las vidas de quienes se relacionan de una forma poco sana con las redes sociales. 

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Pensadas sobre todo para los padres que están preocupados con la forma en que sus hijos se relacionan con el internet, se sugiere, de partida, que ellos hablen con sus hijos. Esta es la manera más clara y directa de saber cómo ellos comprenden el internet, y si el asunto podría llegar o no a ser preocupante; también es necesario ayudar a los muchachos a trabajar con su autoestima y, si uno mismo tiene una relación poco sana con las pantallas, hacer lo posible por rodearse de amistades buenas donde podamos sentirnos valorados. 

La amistad es un punto clave para poder superar la adicción a las redes sociales. Además de trabajar sobre una buena autoestima, y rodearnos de personas que nos hagan sentir queridos, en algunas ocasiones también es muy buena idea que tengamos más de un grupo de amigos. Así, podemos ampliar el horizonte: armarnos de más formas de pensar. Las opiniones y el pensamiento abstracto siempre son maleables, y a veces no sabemos de quién podríamos llegar a obtener buenas ideas y, al mismo tiempo, hacer que las nuestras se sientan valoradas. 

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En algunas ocasiones, y con el fin de prevenir casos más extremos, se les recomienda a los padres más preocupados sobre la relación de sus hijos con las redes sociales que los sigan en estas, o que revisen lo que suben y con quién interactúan, a modo de protección. Esto, sin hacerlos sentir infantilizados, poco comprendidos o invadidos. Todo debe hacerse en un clima de respeto y consenso de parte de ambos. Demostrar preocupación siempre ha sido mucho más útil que demostrar autoridad frente a casos como estos, en lo que el adulto tiene una perspectiva mayor para poder ver estos casos con distancia y sabiduría. Esto debe ir siempre acompañado de que los chicos se pongan metas, de esta manera, comprenderán que la inmediatez no es, necesariamente, lo mejor para ellos, ni mucho menos la regla a la hora de esperar resultados.

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