Por Maximiliano Díaz
9 junio, 2018

Su creador fundó la Federación por la Paz Universal y se hizo rico vendiendo armas. Hoy, su hijo es el nuevo líder, y asegura que Jesucristo volverá a la tierra para salvarnos… con armas.

Sun Myung Moon fue uno de los surcoreanos más famosos de la historia. Reconocido por fundar un movimiento religioso al que llamó Iglesia de la Unificación, y por fundar la Federación para la Paz Universal, comenzó como un cristiano protestante y aprendió el catolicismo de la boca de los presbiteranos. Eran tiempos arriesgados para ser coreano y católico. Japón estaba por sobre el país, y todo lo que no fuese sintoísta estaba determinantemente prohibido. Pero según Myung Moon, una aparición lo cambió todo: vio a Jesucristo una mañana de Pascua. Le había legado una misión, la de continuar con su obra.

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Myung Moon ganó popularidad. A pesar de solo predicar en coreano, se hizo conocido en todo el mundo. Ganó adeptos en Norteamérica y todo Europa. Se proclamó como el “Tercer Adán”, y el padre verdadero de la nueva humanidad. Él estaba listo para salvar la tierra. Tenía nexo con poderosos políticos de derechas, y financiaba su vida espiritual comerciando armas a través de una empresa llamada Kahr Arms. La unificación parecía estar más cerca que nunca cuando murió, en septiembre de 2012. Pero aún había algo que sus seguidores y su descendencia podían hacer por la llamada “Secta Moon”.

El testimonio llegó al menor de sus 10 hijos, Hyung Jin “Sean” Moon.

Bryan Anselm

Hoy Sean tiene 39 años, y hace tiempo que dejó Corea de Sur. Llegó hasta los Estados Unidos, y recogió la palabra casi olvidada de su padre. Según sus cercanos, Sean siempre se consideró un sucesor natural, una especie de Mesías iluminado. Se valió de la compañía y el apoyo de uno de sus hermanos, dueño de un comercio de venta de armas. Sin embargo, su madre intentó desplazarlo cuando aún era demasiado joven. A sus ojos, solo ella era capaz de seguir con el legado de su difunto marido, y no tuvo asco en desplazar a su hijo. Sean fue rápido e inteligente, sin titubear, y con toda la seguridad de que su mensaje era el correcto, creó otra rama de la misma religión, y bautizó a su base como el “Santuario de la Paz Mundial y la Unificación”. Al igual que su padre, aseguró que él fundaría el reino de Dios en la tierra, y dirigiría esa ardua lucha. Sean también se decidió a darle un objeto representativo: el fusil semiautomático AR-15, el favorito de terroristas y tiradores en todo el país.

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El nuevo líder se basa en la “soberanía de los individuos” para gobernar: cada persona es un rey o reina independiente en el Reino de Dios.

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La iglesia se ha caracterizado por dos cosas que parecen increíbles: para marcar esa soberanía de los fieles, cada uno lleva una corona en la cabeza al momento de realizar un culto. También, armas de fuego. Estas son santificadas, benditas y bien vistas por la comunidad en la que se desarrolla su fe. Si un feligrés porta bajo el brazo la famosa AR-15, gana mucho estatus entre sus pares.

Jacqueline Larma

Sean no parece inquieto porque su símbolo sea la herramienta de trabajo preferida de los protagonistas de las matanzas: Soneman Douglas mató a 17 personas a principios de este año con un arma del mismo modelo; lo mismo con las 27 muertes de Sutherland Springs a fines del 2017; o los 59 asesinados en Las Vegas en octubre del año pasado. Cuando alguien se atreve a preguntarle al menor de los Moon sobre el uso y la carga cultural que estas armas llevan encima, él dice que lo terrenal no tiene absolutamente nada que ver con el uso de estas armas. Según él, la biblia lo ha justificado para llevar armas largas: en el Libro de las Revelaciones, asegura, se habla de la “vara de hierro” que Jesucristo utilizará para reinar con justicia y acabar con el mal. También se habla de premiar con su entrega a todos aquellos que hayan ayudado al gran salvador a vencer demonios y cuidar la obra de Dios.

Aparentemente, es bastante claro para el líder del culto que esa “vara de hierro” sea un fusil militar.

Eduardo Munoz

Sus seguidores tampoco rechistan por ningún segundo. Se puede ver que en los santuarios del culto de Sean hay armas en cada bautizo, matrimonio, renovación de los votos o culto celebrado. No hay miedo ni culpa de llevar su correa colgada en el hombro. La obra de Dios es más fuerte que los prejuicios contra un arma utilizada por los psicópatas más reconocidos de los Estados Unidos. Ellos apuntan orgullosos hacia arriba para ser bendecidos.

Lo curioso es que, si hablamos de permisos y vamos hacia los términos legales, muy pocos miembros de la iglesia tienen permiso para portar armas. Sean les anima a que consigan las autorizaciones (no es difícil en los Estados Unidos) porque siempre puede ser necesario llevar un arma en la iglesia. Sobre todo al momento de aleccionar a algún rebelde infiltrado. Un lobo con piel de oveja.

Spencer Platt

Afortunadamente, la mayoría de las armas están descargadas durante los cultos.

En los sermones, Sean no se preocupa por ocultar ninguna de sus apreciaciones políticas. Para él no hay problema en decir que está de acuerdo con Trump en muchas cosas (a pesar de que es un agente del demonio), como por ejemplo, en armar a los profesores de escuela para que estén más seguros de los tiradores. Sus fieles asienten al escucharlo decir que Hillary Clinton pagó a los rusos para intentar acabar con su adversario, o que el Papa Francisco es una especie de demonio. Un degenerado comunista que está a favor de los gobiernos socialistas. Muchos habrán pensado en tomar el poder por la fuerza cuando oyeron a Sean decir que Jesucristo nunca centralizó el poder ni creó gobiernos, y que las instituciones de Washington están en un profundo error.

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Sean cree en cambiar la mentalidad. “De esclavo a la realeza” es su mantra. Aparentemente decididos a tomar acción en el corto plazo, Sean dirige y organiza talleres para enseñar a los feligreses a usar las armas y aprender artes marciales. Tiene una pequeña milicia, a la que bautizó como “Policía de la Paz” y dio su eterna bendición. Al prestar declaraciones sobre la impresionante cantidad de armas largas que tiene, y su inapropiada forma de concebir la cultura de los fusiles, aseguró:

“No se trata de ser rudo. Se trata de practicar para hacerse el letal porque amas a las personas. El camino de la ‘vara de hierro’ es el camino del amor”.

Jacqueline Larma

Hoy, Sean sigue esperando lograr su delirante unificación. Él y su hermano incluso han llegado a redactar una nueva Constitución para los Estados Unidos de Cheon Il Guk (Nación de Paz y Unidad Cósmica, en coreano) y, por supuesto, mantendrá la segunda enmienda: la que permite a los ciudadanos portar armas. La iglesia que unió las armas y la religión de su padre ya está consolidada y solo sigue ascendiendo. Son más de 100.000 en total, y están cruzados de piernas esperando el fin de los tiempos. Aseguran que Dios y sus seguidores más fieles y cercanos lograrán arrebatarle el poder político en la tierra al diablo. Su momento para el poder llegará pronto.

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