Por Maximiliano Díaz
9 marzo, 2018

Ganan 10 dólares por 13 horas de trabajo al día.

Yto Barrada es una artista franco-marroquí. Su especialización es la fotografía, y ha hecho una serie de foto reportajes a lo largo del mundo para innumerables medios. El respeto del medio hacia ella es unánime, y siempre sale con algo nuevo bajo el brazo que logra sorprender a los seguidores de su obra, tanto artística como investigativamente. 

Esta vez, y en el marco del día de la mujer, The Guardian publicó en la sección “Mi mejor fotografía”, una columna con una fotografía de Barrada en la búsqueda de la reivindicación de los derechos femeninos. En ésta, se puede ver a una impresionante cantidad de mujeres pelando moluscos. Todas están en un salón perfectamente blanco; cada una lleva un delantal, una mascarilla, y una red para el cabello.

Yto Barrada

El trabajo de pelar moluscos ha estado prohibido en Holanda desde fines de los 80. La principal razón son las insalubres condiciones que genera ese empleo. Sin embargo, eso no detuvo a los empresarios pesqueros para seguir produciendo: solo trasladaron sus fábricas a países menos avanzados en las leyes que protejan a los trabajadores.

Así, Barrada llegó hasta la fábrica de su país de origen. Al momento de hablar de la escena, capturada hace ya 20 años, declaró:

“Era una fábrica holandesa en suelo marroquí. Un temprano ejemplo de la globalización. Las gambas son pescadas en el Mar del Norte y llevadas a Tangier para ser peladas. Me dijeron que prefieren a mujeres como empleadas porque tienen menor representación sindical”.

Según el relato de la fotógrafa, las mujeres pelaban incansable y frenéticamente cada molusco, ya que la paga era según el peso de mariscos que pudiesen llegar a recolectar en un día. Mientras trabajaban (sin cesar en ningún momento), las jornadas podían llegar a extenderse hasta por 16 horas. Por los pasillos de la fábrica, un hombre caminaba exigiendo silencio. Yto continuó:

“Estaba fascinada por estas condiciones de trabajo casi medievales. Era una fábrica sin pausa. Las mujeres estaban encerradas, con escasos permisos de descanso. No había una sala común, un lugar para sentarse y comer juntos. Solo estar ahí me hizo sentir la tensión”.

Yto Barrada

El 2008 habían pasado 10 años desde que Barrada tomase las fotos. Ese año, una amiga suya publicó un documental, en él, se revelaba que condiciones de esa clase aún se mantenían en Marruecos. Al llegar al mundo, la revista RNW Media decidió contactar a Fátima, una de las empleadas más antigua, con casi 20 años en la planta, y pedir su testimonio:

“Cuando necesité un doctor en el 2005, descubrí que mi seguro social no había sido pagado. Las mujeres solo reciben el beneficio seis meses al mes para que el empleador no tenga que hacerles un contrato permanente. Hacen lo que quieren”.

Según Boubker Khamlichi, líder sindical del sector:

“Los empleados se aprovechan de las condiciones vulnerables de las mujeres. No podemos seguir dejándolas en ese destino”.

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