Por Catalina Yob
20 junio, 2018

La matrona del barco «Aquarius», informó que hasta hoy ha contabilizado a cerca de 20 personas que sufrieron violencia sexual. Llegan con fracturas, quemaduras y cicatrices.

Tras deambular por el Mediterráneo y con la esperanza que el gobierno italiano accediera a recibirlos, 630 personas fueron rescatadas desde las pequeñas y paupérrimas embarcaciones en las que decidieron emprender el viaje hacia una nueva vida. Debido a la negativa exteriorizada por las autoridades de Malta e Italia, el casi millón de refugiados que viajaba en el navío Aquarius de la ONG SOS Mediterranée, debió paralizar sus motores hasta obtener el permiso del gobierno español, el cual accedió a recibirlos y a ayudarlos en su cometido de huir de la miseria. 

En los últimos días, el arribo al puerto de Valencia finalmente pudo concretarse y las 630 personas tocaron tierra firme. En los días siguientes, decenas de historias emergieron desde los principales medios de comunicación locales, los cuales a través de crudos testimonios dieron cuenta de la vulnerable situación de los refugiados, cuya única opción era huir de su país que sólo les entregó penurias.

Uno de éstos fue contado por la matrona de Médicos Sin Fronteras, Amoin Soulemane, quien atendió a algunos pasajeros. Entre las conclusiones que logró obtener de la atención médica que le proporcionó a mujeres, hombres y niños, Soulemane manifestó que al menos 16 personas, 6 hombres y 10 mujeres, presentan secuelas de haber sido víctimas de violencia sexual. 

Fracturas, quemaduras y cicatrices son sólo algunas de las marcas que yacen inscritas en los cuerpos de quienes sufrieron algún tipo de abuso de índole sexual. Pese a que la especialista señala que el caso de las mujeres es más grave que el de los hombres, todos presentan señales de haber sido violados en algún momento de sus vidas. 

«Hemos atendido a más de 80 mujeres y 10 niños pequeños. Las mujeres llegaron mojadas, con fracturas, algunas con quemaduras graves, con muchas cicatrices… Todas han sufrido violencia física, sexual y económica hasta lanzarse al mar», sentenció.

MSF

En relación a esto, Soulemane declaró que el caso de las mujeres, especialmente de Libia, es más grave, ya que se trata de mujeres que fueron golpeadas y violadas por sus victimarios, quienes las obligaban a prostituirse si no llegaban con el dinero solicitado. Todo parece indicar que quienes encontraron la valentía para lanzarse al mar, sin destino, eran parte de una red de explotación sexual, la cual era sustentada por grupos de traficantes.

«Les pegan, las violan y si no pueden pagar a los traficantes las obligan a prostituirse, muchas han sido víctimas de explotación sexual en Libia», indicó. 

De las 80 mujeres que trató y revisó, siete estaban embarazadas y buscaban dar a luz a sus hijos en un país con nuevas esperanzas. Para sorpresa de los mismos pasajeros, el número de mujeres con procesos de gestación vigentes, aumentó a medida en que los exámenes médicos fueron avanzando. Pese a que no existe una confirmación certera en cuanto a la cifra, habrían sido dos las mujeres que se enteraron que estaban embarazadas, lo cual pudo ser la consecuencia de una violación del pasado. 

«Los tratan como animales»

Luego de que el ministro del Interior en Italia, Matteo Savini, exteriorizara públicamente su rechazo a recibir inmigrantes, el debate sobre cuál es el límite que debiera aceptar una nación en cuanto a la capacidad que tiene para acoger a refugiados, ha vuelto a posicionarse en el centro de la polémica, especialmente en la Unión Europea. 

A través de Twitter e innumerables conferencias de prensa, Savini explicó que a diferencia de épocas anteriores, Italia dirá que no a la inmigración ilegal, decisión que fue apoyada por parte de la población más conservadora del país. Por medio de comentarios en redes sociales, muchos se refirieron a la situación económica que hoy coexiste en Italia y aseguraron que permitir el ingreso de más personas, aludía a un acto anti patriótico.

UNHCR
UNHCR

Pese a que el apoyo hacia Savini se masificó por Europa, muchos de quienes aplaudieron sus medidas inicialmente, se han retractado a raíz de los duros relatos que se han contado en la prensa, muchos de los cuales provienen de los médicos que atendieron a los refugiados. Las ansías de acceder a una mejor calidad de vida no son las únicas aspiraciones que motivaron a las 630 personas a arriesgar sus vidas y saltar al mar. Muchos, por no decir todos, huyeron de sus países natales para sobrevivir. 

«Es inconcebible lo que sufren en el camino hasta el mar, muchas mujeres han trabajado cinco o seis meses en Libia y solo les han pagado un mes. Los tratan como animales», relató la matrona de Médicos Sin Fronteras, quien los acompañó hasta que arribaron a Valencia.

Quienes huyen responden mayoritariamente a víctimas de explotación sexual, violencia física, esclavitud laboral e incluso trata de personas, por lo que escapar y lanzarse al mar es en la práctica, su única alternativa para no morir en la misma miseria en la que nacieron. Pese a que las secuelas de su pasado los acompañarán a lo largo de sus vidas, hoy 630 tienen en sus manos una mínima posibilidad de dejar atrás las penurias y volver a construir sus vidas.

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