Por Alejandro Basulto
28 abril, 2020

Al doctor Charles de Lorme se le atribuye su diseño, siendo utilizado por personas que en ocasiones no tenían ni la más mínima idea de cómo curar dicha epidemia.

En tiempos de pandemia por el COVID-19, es interesante recordar otra epidemia que causó grandes males entre los siglos XVII y XVIII, como es el caso de la peste bubónica. Donde los, en muchos casos, improvisados médicos que fueron los encargados de enfrentarla en los lugares más críticos, utilizaban una vistosas mascaras y trajes con la intención de evitar el contagio de esta temida enfermedad, que durante la Edad Media, mató aproximadamente a unas 100 millones de personas, lo que equivale entre el 25% y el 60% de la población europea.

Eugen Holländer

El atuendo utilizado por los médicos que batallaban contra esta peste, sin saber ellos cómo curarla, se distinguía por su máscara picuda, guantes de cuero, capa larga y un bastón, el cual ayudaba con el examen de los pacientes para que no fuera necesario tocarlos, además de que en ocasiones, era utilizado como herramienta para el “arrepentimiento de pecados”, debido a que a muchos creían que esta epidemia era un “castigo de Dios” y por ello pedían ser golpeados para pedir perdón.

Deutsches Historisches Museum

Esta vestimenta fue inventada por el doctor de nobles y reyes, Charles de Lorme, en 1630, siendo utilizada por primera vez en París, para luego extenderse su uso por toda Europa. Al nivel, de que hasta hoy en día hay festividades en Italia en la que se utiliza esta singular máscara. La que por cierto, tenía agujeros con lentes de vidrio y una nariz cónica con forma de pico de ave, la cual era rellenada con sustancias aromáticas y paja, debido a que se pensaba que se servía contra el aire miasmático.

Wellcomee Collection

Esta peste se manifestaba con dos formas clínicas, la bubónica, que era la más conocida, y la neumónica, caracterizándose la primera por la inflamación de los ganglios linfáticos, denominados “bubones”. Sin olvidar, que también muchos enfermos sufrían del ennegrecimiento de la piel, llamándose por ello también “muerte o peste negra”. De esta manera, para hacer frente a este enfermedad, los pueblos afectados contrataron a estos médicos de llamativos aspectos, la mayoría inexpertos o de segunda categoría (estudiantes o ex trabajadores de otras áreas, por ejemplo), que atendían a ricos y pobres por igual.

AFP

Normalmente, prescribían brebajes y menjunjes como antídoto, para además oficiar de testigos en testamentos y llevar a cabo autopsias. Y a pesar de su complejo e intimidante traje, este no servía realmente para evitar el contagio de la peste, ya que esta era contagiada por pequeños organismos microscópicos, y no por miasmas, que son el conjunto de emanaciones fétidas que ellos consideraban como causa de la epidemia.

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