Por Catalina Yob
14 junio, 2018

La elefanta, que reflejó la miseria que hoy se encuentra inserta en los zoológicos de Venezuela, murió pesando menos de la mitad de lo que debería pesar un elefante de su edad.

A sus 48 años y tras meses padeciendo una aguda desnutrición, la elefanta Ruperta murió al interior en el lugar de cautiverio en donde fue encerrada desde 1974, año en el que llegó al zoológico de Caricuao en Caracas, Venezuela. La extrema crisis con la que coexiste el país latinoamericano, permite que actualmente los zoológicos carezcan de suministros y alimentos para los animales que yacen en su interior, los cuales terminan encontrando su muerte en la hambruna.

Sin posibilidad alguna de escapar y de regresar a su hábitat natural, los animales de los zoológicos de Venezuela intentan prolongar sus días en un ambiente completamente inhóspito. Pese a que escabrosas imágenes, tomadas al interior de los recintos, han traspasado fronteras, los animales continúan encerrados en lugares en donde ni siquiera pueden buscar su propio alimento. Éste fue el caso de la elefanta Ruperta, la cual se convirtió en un verdadero emblema de la crisis venezolana, luego de que las imágenes que exhibían su escuálida figura se hicieran viral.

Desde el zoológico, que la mantuvo presa por más de 40 años, esgrimieron que el animal murió por «causas naturales» y que su «avanzada edad» ponía de manifiesto los extensos cuidados de los que fue objeto durante su vida. Dependiendo de la especie en particular, la vida de un elefante suele prolongarse por 50, 60 e incluso 70 años, sin embargo Ruperta sólo vivió 48.

El ministro de Ecosocialismo y Aguas de Venezuela, Ramón Velásquez, explicó a la prensa que la elefante vivió una buena vida al interior del establecimiento de entretención, pese a que prácticamente todo el mundo es consciente de que ello no es cierto. 

«Lamentamos el fallecimiento de Ruperta, elefanta africana ícono del zoológico de Caricuao. Recordemos que estos animales en cautiverio tienen un promedio de vida de 17 años. Sin embargo, Ruperta vivió 48 años. Quiere decir que recibió todos los cuidados para prolongar su existencia».

Zoológico de Caricuao
Zoológico de Caricuao

Ciudadanos venezolanos y entidades animalistas dieron cuenta de la fatídica transformación que sufrió Ruperta a raíz de la escasez e inexistencia de alimentos. A través de los años, miles de ciudadanos han pedido a gritos la liberación de la elefanta y de los animales encerrados al interior de los zoológicos venezolanos, sin embargo pareciera que las autoridades no quieren hacerse cargo de las silenciosas muertes de quienes no pueden escapar del infierno en el que están siendo forzados a sobrevivir.

Caídas injustificadas, desnutrición y golpes en su cuerpo fueron sólo algunos de los elementos que caracterizaron los últimos años de vida de Ruperta. Pese a que los malos tratos que padecía, cada vez que su estado de salud era cuestionado, el Instituto Nacional de Parques (Inparques) aseguraba que Ruperta respondía a una de las grandes prioridades del personal del zoológico. 

«Ruperta, de 48 años de edad, recibió la atención y el cuidado permanente por parte de sus cuidadores y veterinarios. Hoy nos deja y nuestro equipo se llena de tristeza por su partida, pero con la tranquilidad de saber que en su caso se atendió de manera óptima y profesional», agregó Inparques.

«Cierren los zoológicos del hambre»

El lamentable deceso de Ruperta fue precedido por múltiples imágenes que ilustraron que la crisis venezolana estaba y sigue consumiendo las vidas de todos los seres vivientes en Venezuela. Los imponentes tigres y leones que permanecían cautivos en el zoológico, hoy son sólo una manada de escuálidos felinos, los cuales en su mirada reflejan el infierno que deben soportar tras las rejas. 

Diario Panorama

El deceso de la elefanta ha logrado avivar las denuncias por parte de la ciudadanía, la cual acusa que el gobierno de Nicolás Maduro está matando a cientos de animales de manera consciente. A través de redes sociales, personas de todo el mundo exigen el cierre de los hoy llamados zoológicos del hambre, en el que las muertes llegan de manera silenciosa y paulatina.

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