Por Constanza Suárez
9 enero, 2019

No acceden a jubilación, ni disfrutan de ningún tipo de transporte especial, entre otras cosas. Por algo su democracia ostenta de gran prestigio.

Nací en Chile y desde que tengo memoria, el salario de los parlamentarios ha sido un tema de debate, e incluso enojo y rabia por parte de la ciudadanía. Se dice que son extremadamente altos y sobre todo, muy alejados del dinero que la mayoría recibe. Además de cientos de beneficios, que los demás jamás podrán acceder.

Por eso saber que en Suiza diputados como Guy Mettan llega en scooter al Parlamento porque no cuentan con coches oficiales, ni se benefician de ningún tipo de transporte o el senador Joachim Eder exigió que no se concedieran más dietas de pernoctación a los parlamentarios si no pasaban la noche fuera de casa, al menos llama la atención. Es que la situación en Latinoamérica es muy distinta.

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Ni siquiera obtienen una ayuda en temas de vivienda, y cuando terminan su mandato de cuatro años, los diputados no acceden a una jubilación. Tampoco está permitido que contraten a parientes -como en Chile que el primo del presidente ocupa un alto mando en el gobierno- y cada mes reciben un ticket para dos comidas de 40 dólares cada uno.

En el mejor escenario, los diputados podrían ganar un salario anual de 51 mil dólares. Eso si es que asisten a todas sus sesiones, porque lo que reciben depende de la cantidad de horas trabajadas.

Incluso su salario podría ser inferior a la media de un mecánico, de una secretaria o un carpintero. Pero es equivalente a lo que gana un carnicero.

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Para un diputado “ordinario”, el salario es muy inferior al del presidente del Parlamento. Por año, llegan a recibir unos 30 mil dólares, lo mismo que un artista de circo o a un ayudante de cocina. Y menos que un profesor, quienes pueden llegar a ganar 100 mil dólares en su primer año.

Por eso para muchos Suiza, es un ejemplo en política. Los políticos milicianos son personas que desempeñan funciones públicas, pero no viven de ellas. Los parlamentarios que componen la Asamblea Federal cobran una pequeña cantidad de dinero por tareas específicas de su cantón y sin renunciar a actividades de carácter privado, como otros empleos.

CC

Suena como una excepción, y no por nada pueden vanagloriarse de un prestigio excepcional de su democracia.

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