Por Andrés Cortés
11 abril, 2018

Sus secretos más profundos, expuestos a los ojos de sus profesores.

Bastante hemos hablado de las masacres que han ocurrido en las tierras de Estados Unidos y de como la inexistente política de control de armas ha permitido que año a año los noticieros nos cuenten de tiroteos que se producen en colegios, hospitales y lugares públicos. No obstante al parecer finalmente toman medidas, pero no las que esperábamos.

Autor desconocido. Ayúdanos a encontrarlo.

El 14 de febrero es conocido mundialmente como el Día de San Valentín, pero la festividad de este año en Estados Unidos se tiñó de sangre luego de que una escuela de Parkland, Florida, viviera uno de las más terribles masacres de todos los tiempos, dejando un saldo de 17 víctimas fatales.

El debate sobre el control de armas se ha iniciado una y otra vez con los múltiples incidente que ocurren en el país del american dream. Pero la ciudad de Parkland, en donde ocurrió la masacre de san valentín, tomó medidas para intentar prevenir un atentado, aunque han sido crítica de burlas.

Kyra Parrow

Kyra Parrow

Los estudiantes de la Escuela Secundaria Marjory Stoneman Douglas un día llegaron al establecimiento y cada uno recibió mochilas transparentes. Al principio no entendieron por qué se las entregaron, pero al poner sus útiles dentro de estas, comprendieron el motivo.

No pasó mucho para que la catalogaran como una “ilusión de seguridad”, pues el consejo escolar decidió hacer de estas mochilas transparentes una medida obligatoria para “aumentar la seguridad” (en el contexto de los tiroteos). No obstante, los estudiantes estaban furioso por renunciar involuntariamente a su privacidad.

No pasó mucho tiempo para que a los jóvenes se les ocurrieran creativas formas de protestar contra esta, a sus ojos, hilarante medida.

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“Esta bolsa contiene todo lo que a los políticos les importa, además del dinero”.


Una de las principales críticas de los estudiantes y la más sensible es el hecho de que deben almacenar sus necesidades de higiene, tales como tampones y artículos menstruales, a plena vista. Los jóvenes sintieron que su libertad fue arrebatada y que la escuela secundaria poco a poco comenzó a tener similitudes con una cárcel.

Para la fortuna de los más afectados, muchos estudiantes sintieron la misma preocupación y tomaron medidas en el asunto. Si bien no podían llevar mochilas “normales” al establecimiento, lo que  hicieron fue llenar sus nuevos implementos con tampones y otros artículos de higiene.

Otros optaron por decorar sus bolsos con citas fuertes, hilarantes o memes de internet.

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“Claramente esto es ridículo”.


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“Mochilas transparentes y puntos de seguridad – Control de armas”.


Pero lejos uno de los más divertidos fue Cameron Kasky quien apoyó a sus compañeros y llenó su mochila con docenas de tampones, lo que hizo que la imagen se volviera viran en poco tiempo.

Cameron Kasky

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“Esta mochila probablemente vale más que mi vida”.

¿Es la medida que esperábamos?

Si los estudiantes consideran que las mochilas transparentes son una broma, qué queda para nosotros.

Ciertamente Estados Unidos necesita una ley de control de armas que ha postergado durante bastante tiempo, pero mochilas transparentes no está ni cerca de ser una solución efectiva y mucho menos definitiva.

Algunos de los niños que asisten a la escuela hablaron con el sitio BoredPanda y muchos decían que sería “mucho más efectivo un detector de metales“. Nosotros los hispanos y latinoamericanos que nos encontramos algo más ajenos a esta situación nos preguntamos, ¿en qué momento un niño debe preocuparse de que sus compañeros no lleven armas de fuego a la escuela para sentirse seguros?

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“Prisionero # 0612074413”.

¿En qué momento dejamos que niños de 10, 12, o 14 años comiencen a cuestionar la implementación de detectores de metales en los recintos donde supuestamente van a aprender y socializar?

La solución a este problema debe ser de raíz, pues la solución no son mochilas. Tampoco detectores de metales. La solución es una ley de control de armas y el país de primer mundo no lo quiere aceptar.

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