Por Alex Miranda
26 julio, 2018

Si bien el ataque había sido producido en 1995, las represalias llegaron recién este año. Tanto el gobierno como la ciudadanía están a favor de la pena capital que se les aplicó.

Este jueves, en Japón han condenado a muerte a los últimos miembros de la conocida sexta nipona de Verdad Suprema, quienes han sido declarados culpables de los ataques terroristas con gas sarín perpetuados en el metro de Tokio en 1995, uno de los primeros atentados del terrorismo de la época moderna. Además de ser uno de los más mortíferos de la historia del país.

En total son seis los integrantes del grupo religioso que era comandado por Shoko Asahara. Los culpables fueron ahorcados en diferentes centros penitenciarios de Japón. Así, estas nuevas muertes se suman a las otras siete ejecuciones de miembros del mismo grupo, el seis de julio pasado, entre ellos el citado gurú Asahara, según cuenta el Ministerio de Justicia de Japón. 

Todos ellos habían sido condenados a pena capital por planear y ejecutar los ya citados atentados con gas sarín en 1995, que dejaron a más de 6.300 personas intoxicadas, unos 13 muertos y a muchos más en estado vegetal.

Jiji Press

¿Está bien el uso de la pena capital?

Así, con las últimas ejecuciones, se esperaba poner punto final a este, uno de los asuntos más oscuros de la historia reciente de Japón, pero al mismo tiempo la noticia ha revivido el recuerdo de la tragedia y ha generado una suerte de debate sobre si es necesario aplicar la pena capital para casos de esta magnitud.

La Ministra de Justicia nipona, Yoko Kamikawa, en un rueda de prensa se refirió a lo hechos, diciendo que los atentados cometidos en diversas estaciones de metro de Tokio -en horario punta- son:

«Un ataque indiscriminado contra vidas preciosas de civiles. Generaron un dolor y un sufrimiento inimaginable a las víctimas y a sus familias».

También justificó el uso de la penca capital, al menos para este tipo de crímenes que ella tilda de «extremadamente crueles», además de recordar que la mayoría de la población japonesa apoya esa medida como un castigo justificado. También dejó claro que las investigaciones de estos casos fueron «largas y cautelosas» para no cometer un error tan grande como aplicar la pena capital a alguien que no se lo merece.

AP

Las personas sobrevivientes y familiares de los afectados por los ataques celebraron las ejecuciones, pero también señalaron esta acción no les permite ni olvidar ni sanar sus heridas por lo sucedido. Un buen ejemplo de esto es Shizue Takahashi, viuda de un trabajador del metro que falleció durante los ataques y representante de una agrupación de víctimas, quien en una rueda de prensa, dijo:

«Puede que esto suponga el final desde el punto de vista penal, pero yo no tengo la sensación de que el caso haya acabado. Aún hay gente que sufre las secuelas».

Mientras que Fusae Kobayashi, madre uno de los hombres fallecidos en los ataques de Verdad Suprema a la ciudad de Matsumoto, dice que:

«Una parte de mí ha sentido una repentina alegría [por las últimas ejecuciones]. Pero mi hijo nunca volverá, y mi tristeza sigue inamovible».

Después de las ejecuciones

Algunos japoneses expertos en sectas han advertido que una ejecución como esta podría traer respuestas contraproducentes, como un crecimiento en el culto al líder de Verdad Suprema entre las organizaciones religiosas que se consideran herederas, o incluso despertar algún tipo de ansias por represalias.

Ante esto, el ministro portavoz del Ejecutivo, Yoshihide Suga, al ser cuestionado por la posibilidad de que se produzcan incidentes como respuesta a estas muertes, afirmó que las autoridades están vigilando la situación y que se encuentran preparados para cualquier posibilidad.

EFE

El atentado de 1995 dejó en evidencia la incompetencia de la policía nipona, ya que se suponía que tenían a la gente de Verdad Suprema en una implacable vigilancia. Además, la situación abrió grandes interrogantes que hasta el día de hoy siguen sin responderse, el más importante es cómo logró esa secta acumular tanto poder y poner de acuerdo a miles de seguidores para perpetuar los ataques a la vez.

La Asociación japonesa de Prevención y Rehabilitación de Sectas (JSCPR) había pedido directamente al Gobierno que condonara la penca capital para 12 de los sentenciados -todos a excepción del líder-, esto con el objetivo de tratar de comprender de mejor manera el funcionamiento de este tipo de organizaciones y prevenir atentados futuros.

Verdad Suprema fue fundada en 1984 y en tan solo una década se convirtió en una de las amenazas más grandes del país nipón. Se le considera la primera secta del mundo en tener el poder de atacar a tantos civiles sin ayuda estatal, también de desarrollar agentes químicos y biológicos, además de armas ligeras. Incluso llegaron a postularse a elecciones parlamentarias en 1990. Por suerte, no ganaron representación política en ese momento, pero que hayan podido llegar hasta ese punto ya es bastante preocupante. 

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