Por Alejandro Basulto
3 septiembre, 2020

A la edad de 97 años nos abandonó en febrero del 2017, no sin antes dejar un gran legado en la academia y en el área de la lógica y los números.

El 6 de febrero fue una fecha que amantes de la matemática, la lógica, la música y la magia, lamentaron por igual. Porque ese día se apagaba la vida Raymond Smullyan a sus 97 años, quien también fue conocido como el “Gandalf de las Matemáticas”, por su afición a los trucos de hechizaría y a los números. Un matemático de renombre, que tuvo muchas publicaciones en universidades prestigiosas y un doctorado como demostración de su nivel gran nivel académico. Sin embargo, más allá de sus aportes al área de la aritmética, su mayor legado podrían ser los acertijos de lógica, que lo hicieron tan famoso a nivel mediático y literario, publicando varios libros al respecto.

Carson

A través de textos como “¿Cómo se llama este libro?” (1978),“Los misterios de ajedrez de Sherlock Holmes” (1979), “¿La dama o el tigre?” (1982), “Alicia en el país de las adivinanzas” (1982) y “El jardín mágico de George B y otros acertijos lógicos” (2015), Raymond Smullyan buscó acercar la lógica y las matemáticas a la gente. Era tanta su afición por los números, que dejó los estudios debido a que en el establecimiento educacional al que asistía, no pasaban las matemáticas con la profundidad que él requería. Lo único que competía con su amor por las sumas y restas, era la música, demostrando a lo largo de su historia ser un excelente pianista.

Junto con sus pasiones matemáticas y musicales, también estaba su interés por la magia. Lo que sumado a su largo cabello y blanca barca, hizo que lo compararan con el mago Gandalf, de la franquicia de El señor de los anillos. Alto y delgado, mostraba una contextura física que no se condecía con su rechazo hacia los deportes y su pasión por comer huevos y bistec. Entre sus chistes cursis y sus trucos mágicos, se hizo de una considerable fama previo a destacarse como matemático y experto en lógica. Lo mismo con la música, área en la que se cree que solamente no triunfó debido a una temprana tendinitis que le afectó, según consignó New York Times.

Gonzalcg / Wikimedia

Le gustaban también mucho sus dichos filosóficos, algunos muy tontos, como cuando dijo: “¿Por qué debería preocuparme por la muerte? ¡No va a suceder en mi vida!”. Y es que hasta el último de sus días, logró mantener siempre presente su distintivo humor e inteligencia. Por varias personas fue considerado como el Stephen Hawking de las matemáticas, debido a su nivel intelectual y lo mediático que era. Al morir, junto con sus obras e impresionantes dichos y acertijos, dejó una familia compuesta por su hijastro, Jack Kotik; seis nietos y nietos; y 16 bisnietos.

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