Por Luis Lizama
8 septiembre, 2020

Se le considera uno de los países más pobres del mundo y la crisis del coronavirus lo ha acrecentado. Antes, las ratas eran consumidas como un bocadillo, hoy son un plato para derrotar el hambre.

La República de Malaui (o Malawi) es un país ubicado al sureste de África, sin salida al mar y que permaneció como colonia inglesa hasta 1964. Es de los países menos desarrollados y más poblados del continente, con bajos índices de esperanza de vida y alta mortalidad infantil. La pobreza es uno de los grandes males que lo aqueja y el consumo de ratas es una consecuencia de aquello.

Desde antes de la pandemia se comían como un bocadillo, en brochetas y a un bajo precio. Ahora, a raíz de la crisis provocada por el COVID-19, ha pasado a ser un plato de supervivencia. Es una medida alternativa para frenar el hambre. 

Acá te dejamos algunas imágenes de su consumo y comercialización:

AFP

A pesar de la pobreza y la desesperanza, Malaui es conocido como “La cuna de África” o “El corazón cálido de África”, por la hospitalidad y cariño de sus habitantes. 

Las ratas forman parte de la dieta de muchos malauies, evidentemente de las zonas más pobres del país, sobre todo ahora con la incertidumbre económica que desató el coronavirus.

AFP

Con este panorama, incluso las propias autoridades del país recomendaron el consumo de estos animales, planteándolo como una alternativa a la carne, según detallan medios internacionales.

“Es una valiosa fuente de proteínas”, explicaba el nutricionista jefe del Ministerio de Salud, Sylvester Kathumba.

AFP

Considerando que el virus ataca con mayor fuerza a quienes tienen mala alimentación y de baja resistencia inmunitaria, se incentivó el consumo de ratas.

AP

Generalmente se comen asadas y saladas, con pocas medidas sanitarias.

“Cazamos ratones para ganarnos la vida. Los usamos como complemento de la dieta diaria y se los vendemos a los viajeros para complementar sus ingresos”.

Relata uno de los granjeros que vende al costado de la carretera, a medios locales.

AP

Pero no hay prejuicios por comer estos animales, como probablemente se tenga en los otros continentes. Desde pequeños los habitantes están acostumbrados a su consumo.

AP

Ante la necesidad, es una alternativa muy conveniente, sobre todo si se les cría y alimenta correctamente.

A pesar de todas las complicaciones, los malauies sonríen y ven lo positivo de la vida.

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