Por Maximiliano Díaz
13 agosto, 2018

Su autora narra la historia del cuerpo femenino, y cómo la sociedad ha tratado con este. También, sobre cómo el placer de los hombres ha sido más importante.

Primero fue la serpiente la que ofreció el fruto. Ya extendida la maldición en forma de manzana, Eva decidió recibirlo y morderlo. Luego, según dicen, ella tentó a Adán. El primogénito del creador, casi desprovisto de voluntad, también hincó sus dientes en la fruta. Pero Él todo lo ve. Muy pronto, todos fueron castigados. El castigo de Eva se extendió a todo un género: llevar un embarazo y dar a luz con dolor. Intentar gobernar sobre el marido, pero jamás lograrlo. Sería el hombre quien gobernase sobre sus parejas femeninas.

Muchos aseguran que fue la filosofía católica apostólica y romana la que se preocupó de hacer que la mujer pasara a ser una especie de sujeto invisible para la sociedad. Primero, por citas como la que aseguran que el hombre sería quien gobernase sobre ella, y que en el momento en el que cualquier mujer intentase demostrar cierta potestad sobre sus compañeros, sus intentos se verían frustrados y ridiculizados (en un principio filosófico, por Dios, por supuesto, pero viéndose, realmente, en la sociedad). De ahí, vino lo siguiente: poco interés en general por las cosas que las inquietaban, las acallaron en la toma pública de decisiones, quedaron fuera de las élites intelectuales y políticas, e incluso el sexo fue mirado desde un punto de vista más masculino: todo comienza y termina con el pene.

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Un recuento en dibujos

Ahora las cosas han cambiado un poco, pero el cuerpo femenino ha seguido muchas veces sin encontrar un lugar justo en la sociedad y la discusión pública. Y Liv Strömquist es quien toma ahora el testimonio para hablar de vulva, vagina, útero, ovarios y menstruación sin pelos en la lengua en su nuevo cómic, «El fruto prohibido». La ilustradora sueca, que publicó esta entrega en un tomo íntegro con una editorial española, escribe con un tono humorístico y acompañado de un dibujo sencillo, sobre cual ha sido la historia de la sexualidad femenina en la vida pública. Strömquist es una feminista acérrima, y por supuesto, acompaña a su obra de un fuerte discurso que invita a las mujeres a hablar sobre su cuerpo sin tabúes, destacando el conocimiento de la anatomía sexual y autonomía femenina a la hora de hablar y decidir sobre el propio cuerpo.

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Masturbación, orgasmo y menstruación son algunos de los puntos que más incomodarán a los lectores conservadores de «El fruto prohibido». Sin embargo, esto le importa bastante poco a una autora que siente que tiene mucho más que ganar de lo que podría perder. Al principio de su libro, Strömquist habla sobre la dominación a la que el cuerpo femenino ha tenido que someterse durante generaciones, y cómo cree necesario que los genitales de las mujeres dejen de ser una especie de vergonzoso tabú. Declara que «Quizás son gente crítica con nuestra cultura, donde lo que suele denominarse el órgano sexual femenino se oculta y se asocia a la indecencia, como si fuera un problema que no se debe hablar. Universalmente censurado, silenciado y relegado al ámbito de lo vergonzoso. Quizá piensen que la culpa es de nuestra cultura patriarcal, que lo convierte en un tema impúdico, pero existe un problema mucho más grave en nuestra sociedad y fueron los hombres que se han interesado por el órgano sexual femenino».

La historia del lado de la autora

Luego, la autora hace una lectura histórica admirable para hablar del cuerpo femenino. Lo piensa como un territorio colonizado por los hombres, uno que «colonizaron con diferentes métodos hasta sus más pequeños, oscuros y húmedos rinconcitos», y habla de una época en la que se creía que la masturbación femenina provocaba cáncer de útero, epilepsia y locura, de doctores que extirpaban el clítoris como castigo, o de santos que pensaban que las mujeres no estaban tan cerca de la divinidad como los hombres.

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Profesionales de otras áreas están de acuerdo, y declaran que el problema está profundamente arraigado: «está en el ámbito social y cultural. No se nos ha permitido que las mujeres habláramos de placer y la sexualidad. Hablamos de lo que le da placer al hombre, siempre desde una perspectiva muy masculinizada», explica Fabiola Trejo, una psicóloga social especializada en la educación sexual. Ella es parte del grupo femenino que considera que la sexualidad femenina está pensaba para generar culpa y vergüenza en ellas, y declarando que esto termina siendo una especie de mecanismo de control. Una vieja medida para que las mujeres, con la autonomía de sus cuerpos negada, puedan ser el perfecto proyecto de esposas y amas de casa.

Una opinión política no es lo único que «El fruto prohibido» propone: también habla sobre los avances y las cegueras investigativas en cuanto al cuerpo femenino. En el cómic se habla, por ejemplo, que el tamaño del clítoris no se descubrió hasta 1998 (entre 7 y 10 centímetros). «Estudios recientes indican que el clítoris es todavía más grande de lo que se cree, que sus terminaciones nerviosas podrían ramificarse extensamente por el cuerpo. Vayan un poco más allá e imaginen que hasta decenios después del descubrimiento del verdadero tamaño del órgano se seguía describiendo mal en los libros de texto publicados en 2006 y que se usan hoy en día», declara la autora, dejando en claro que sus lecturas están profundamente fundadas, y dejando un espacio pequeñísimo a la duda del lector.

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El placer como un bien masculino

El cómic también está lleno de preguntas en torno al sexo. Por ejemplo, se cuestiona la mirada falocentrista de la sexualidad: siempre masculina, centrada en el orgasmo de los hombres y no en el femenino (este último siendo visto como una especie de rareza biológica algo inalcanzable): «El placer del hombre es algo que está dado y esperado, la relación sexual empieza con una erección y termina con una eyaculación, tiene que ver con el coito heterosexual. En el caso de las mujeres no se espera sexualidad, placer u orgasmo», complementa Trejo.

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El cómic que propone Strömquist es una apuesta. Algo osado para los más conservadores, y sobre todo por su formato (si se tiene en cuenta que el formato cómic es uno que se consume más entre grupos etarios jóvenes). De seguro le lloverán críticas por esto. Pero la historia le dará la razón. No podemos pretender como si la masturbación femenina, el orgasmo y la menstruación no existieran.

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